<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395</id><updated>2011-09-28T07:28:25.320-07:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>19</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-4438527760720154677</id><published>2010-02-18T19:03:00.000-08:00</published><updated>2010-02-18T19:19:49.710-08:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 19 y epílogo.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S34AB-18S4I/AAAAAAAAAHs/9gV_JM40CA8/s1600-h/Capitulo+Final.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S34AB-18S4I/AAAAAAAAAHs/9gV_JM40CA8/s400/Capitulo+Final.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5439785433959254914" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;R&lt;i&gt;esumen del capítulo anterior: Los millones de avispas que atacaron a nuestros héroes produciéndoles heridas en todo el cuerpo con sus aguijones y  destrozando sus alas, estallaron como si una bomba nuclear explotara y cayeron al lago que antes se había formado. Las heridas en los cuerpos de Jacinto, Merlina, los niños-ángeles y el cantinero Gabriel se curaron mágicamente y todos pudieron volver a volar con sus alas sanas nuevamente. Ángela, vestida con una túnica blanca y envuelta en un halo de luz, los salvó con su poder de esta agresión de los exterminadores. De pronto sintieron un cimbronazo terrible al abrirse las aguas del lago, y surgió de la profundidad una esfera enorme conteniendo en su interior a la Villa Ilusa con todas las casitas, la hostería y restaurant, los humanos, los gnomos, hadas y los patitos exterminadores, completamente sanos y salvos. La Villa Ilusa se elevó como una nave y se perdió en la inmensidad del cielo. Todos se dieron vuelta para compartir esta alegría con la bella Ángela, pero se había ido. Quién sabe adónde. Jacinto y Merlina se despidieron de los niños-ángeles y del cantinero Gabriel y emprendieron el viaje, volando con sus alas, a la casona de la abuela María. Días después, Jacinto leyó en el periódico, sobre el lago que se formó al abrirse un dique con la intención de construir a su orilla un hotel 5 estrellas. También leyó que un OVNI se vio en la zona y así supo que los OVNIS no existen; son Villas Ilusas que viajan de un lado a otro de la Tierra. Dejó el diario y comenzó a planear su nueva vida con Merlina y la abuela María para cumplir con su misión divina de ángel de la guarda.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El viejo Renault de Jacinto Desanzo estacionó frente a la pequeña casa en Lanús.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;El ahora jardinero, sin moñito ni esmoquin, lo saludó agitando su mano desde el rosal que podaba quitándole las hojas secas. Jacinto entró en la casa de la que se había ausentado por unos días, como lo hacía siempre que salía a vender sus seguros de vida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Hola! ¿Hay alguien en casa? ¡Merlina, María!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En la cocina, la abuela María, preparaba los ricos scons que la caracterizaban, mientras miraba televisión. Lo recibió con alegría:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Jacinto, bienvenido! ¿Vendió muchos seguros esta vez?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Más o menos, pero no importa, no hay nada mejor que sus scons, deberíamos comercializarlos, qué quiere que le diga.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Merlina salió de su cuarto feliz por la llegada de nuestro héroe.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Hola tío! Te extrañé mucho esta vez.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿En serio, más que otras veces? A ver mi chiquita, contame por qué.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Merlina, luego de darle a su nuevo y más querido tío un interminable abrazo, se puso seria por lo que tenía que decir: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Justamente por eso, porque ya no soy chiquita...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Sí que sos mi chiquita, si apenas tenés doce años y...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Y ya pronto voy a tener que irme a hacer mi trabajo, y vos lo sabés mejor que nadie, desde que la abuela María tuvo que vender la casona de San Isidro por las deudas, ustedes hicieron un gran sacrificio para prepararme para esto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Sí, Jacinto lo sabía mejor que nadie, y era suficiente para que sintiera tristeza por eso. Junto con la abuela María la habían preparado para que cumpliera su condición de ángel y ya era hora. Jacinto sabía que también él tenía que irse pronto a proteger a otro niño en algún lugar del mundo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Sí mi pequeña, seguramente ya te han crecido las alas  —dijo la abuela María con los ojos humedecidos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Y son tan hermosas como las de ustedes  —le aseguró Merlina.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Jacinto, un poco acongojado por una realidad que no podrían evitar, tomó uno de los scons que tanto le gustaban del plato que María preparó para tomar el té, y mientras comenzaba a saborearlo, se quedó con la mirada clavada en el televisor, que mostraba un programa de una cadena internacional de noticias. En realidad, casi con la mirada perdida por los pensamientos que llegaban a su mente, de estos últimos años vividos en familia y en los que había sido muy feliz.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En ese programa de la televisión, se veía algún lugar de Africa, América latina, Asia o de otro punto del mundo. En él, una monjita de rasgos hermosos y ojos azules como el mar, le pedía al mundo ayuda para unos niños desnutridos, flaquísimos, que moqueaban y lloraban rodeados de moscas que parecían ensañarse con la fina piel que les quedaba. Ella les pedía a las naciones la ayuda que seguramente no llegaría y que si llegara, tampoco sería suficiente. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Pero ella insistía, poniendo su bellísima cara aniñada bien cerca de la cámara que la mostraba en todo el mundo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entonces, Jacinto abrió los ojos como platos con dos huevos fritos encima, y comenzó a gritar con el scon en su boca.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Egs... Egs... Egs eglla... Migren... Egs...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Qué te pasa tío por favor... —Se asustó Merlina.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tremendo fue el golpe en la espalda que otra vez le tuvo que dar el ex mucamo al atragantado Jacinto, una vez más con un scon.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Por fin y ya con la garganta liberada, pudo hacerse entender:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Es Ángela, la monjita es ella, Ángela! —repetía una y otra vez.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Es verdad es ella! —exclamó exaltada y feliz la abuela María.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Es Ángela! y yo creía que desde aquella vez nunca más la volvería a ver... —Con lágrimas en los ojos Jacinto abrazó a Merlina, que no recordaba mucho a la bella Ángela, pero muchas veces había escuchado a su abuela y a su tío querido hablar de ella.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;En la pantalla del televisor entonces, apareció un número telefónico con el que la monjita Ángela pedía colaboración para esos niños oprimidos: 0-800-444 -VILLAILUSA.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Ya sé adónde tengo que ir tío Jacinto… Uno de esos niños me necesita —dijo entonces Merlina.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Y yo voy a acompañarte, mi querida hija, a mí también alguien me necesita.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;Epílogo.&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La preocupación de nuestro héroe era volver a dejar sola a la abuela María, ya más anciana aunque tan vital como siempre. Pero María, sabiendo que esto tenía que ocurrir en algún momento, ya había previsto todo. Otra vez, como en algún momento de esta historia, sonó el timbre de la puerta y la que llegó fue Vida para acompañar a la abuela de Merlina todo el tiempo que fuera necesario. De todos modos, Jacinto se preocupó porque pensó que vendría con nuevas advertencias como aquella vez en la Villa Ilusa. La abuela María lo tranquilizó y entonces Jacinto pensó por fin: &lt;i&gt;"Se llama Vida, con ese nombre me puedo ir muy tranquilo por la salud de María."&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y hacia allí volaron Jacinto Desanzo y Merlina. A encontrarse con la dulce Ángela para ayudarla en su lucha por el bien; por el triunfo de los buenos. Con la misión de lograr un mundo mejor para niños y adultos. Sin exterminadores de ángeles de la guarda; con gobernantes que piensen que no están solos en el mundo, sino con personas que están aquí como ellos y con las mismas esperanzas de vida. Una vida en un mundo mágico y soñado, con niños felices y sanos, como siempre debe ser. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Jacinto y Merlina volaron, sabiendo por lo que ya vivieron que no les será nada fácil la misión. Por eso, y por la pasión que he puesto en contarles esta historia a todos ustedes, quizá otra apasionante aventura muy pronto comenzará.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;b&gt;FIN&lt;/b&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-4438527760720154677?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/4438527760720154677/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2010/02/la-villa-ilusa-capitulo-19-y-epilogo.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/4438527760720154677'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/4438527760720154677'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2010/02/la-villa-ilusa-capitulo-19-y-epilogo.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 19 y epílogo.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S34AB-18S4I/AAAAAAAAAHs/9gV_JM40CA8/s72-c/Capitulo+Final.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-1720461773742529403</id><published>2010-02-11T19:29:00.000-08:00</published><updated>2010-02-11T19:39:39.162-08:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 18.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S3TLNLlIMrI/AAAAAAAAAHE/rdtqZoWR6FM/s1600-h/Capitulo18Final.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 320px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S3TLNLlIMrI/AAAAAAAAAHE/rdtqZoWR6FM/s400/Capitulo18Final.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5437194077450285746" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;R&lt;i&gt;esumen del capítulo anterior: Un mar de agua dulce sepultó a la Villa Ilusa con todos dentro: Jacinto, Merlina, Ángela, el cantinero Gabriel, los niños-ángeles, los humanos, los gnomos y hadas, hasta los patitos exterminadores. Luego quietud de las aguas, silencio. Una cabeza emergió a la superficie: Jacinto sosteniendo a Merlina en sus brazos. El hombre-ángel agitó sus alas mojadas para elevarse y ver desde el cielo el horrendo panorama. Todo el bosque de pinos había sido inundado por la fuerza del agua al abrirse un dique por ingenieros que no tenían idea de que allí se encontrara la Villa Ilusa... O si. De pronto aparecieron los niños-ángeles, con David a la cabeza y el cantinero Gabriel que agitando sus alas se juntaron con Jacinto y Merlina. Ángela no estaba con ellos. Temieron que la bella mujer-ángel no hubiese podido salvarse. Probablemente los humanos habitantes de la Villa Ilusa, tampoco. De repente Merlina divisó en el horizonte una nube negra que se acercaba velozmente produciendo un zumbido que hería los oídos. Se aprestaron a defenderse de este nuevo ataque de los exterminadores de ángeles. Millones de avispas los atacaron clavando sus aguijones en la piel de cada uno y destrozando sus alas de manera terrible. No pudieron resistir tanta agresión y cayeron a las aguas del enorme lago que se había formado y en segundos se ahogarían.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;i&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Una luz, una explosión de luz intensa de repente encegueció a todos. Las avispas se alejaron de los cuerpos de Jacinto, Merlina, de todos, y estallaron como si una bomba nuclear las destruyera. Los millones de insectos cayeron al lago desapareciendo en su superficie. El cielo se limpió y volvió a su azul intenso, con algunas nubes blancas y puras que dibujaban hermosas figuras allí arriba, como si nada hubiera pasado jamás.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;i&gt;&lt;div style="text-align: justify; display: inline !important; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;El dolor por las heridas causadas por las avispas comenzó a cesar. Merlina, que lloraba desconsoladamente, se calmó al ver que los pinchazos en su cuerpito desaparecían y cicatrizaban instantáneamente. La piel de todos volvió a ser normal, sana, y sus alas recuperaron las fuerzas. Se elevaron nuevamente sintiéndose como nuevos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Ángela, envuelta en un halo de luz inmenso e intenso, estaba frente a ellos socorriéndolos con un enorme poder, evitando que fueran vencidos. Jacinto sintió que por segunda vez le salvaba la vida.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Su figura blanca era bellísima, con sus brazos abiertos y una túnica que la vestía y ondeaba suavemente por el viento. Jacinto amó más que nunca en ese momento a su ser celestial, que se empecinaba en salvarlo una y otra vez. La amó como los hombres de otras épocas amaron a sus dioses y diosas del Olimpo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;i&gt;&lt;div style="text-align: justify; display: inline !important; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Los niños-ángeles, el cantinero Gabriel y Merlina observaban a este ser alado tan hermoso con profunda admiración y agradecimiento. Felices de verla de nuevo y de saber que todos habían sobrevivido a la terrible inundación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Pero otra vez un ruido muy fuerte los envolvió, como si el mundo entero estallara; un simbronazo terrible. Jacinto miró al cielo harto y decepcionado, por lo que presumía un nuevo ataque de los exterminadores de ángeles de la guarda. ¡Otra vez no! ¿Hasta cuándo, por Dios? Todos se dieron vuelta aprestándose a defenderse como pudieran, y lo que vieron fue que, allá abajo, el agua del lago se abrió como si fuera a emerger una montaña, un volcán encendido. Pero no fue ni una cosa ni la otra, sino una media esfera enorme conteniendo en su interior a la Villa Ilusa. Intacta. Con sus pocas casitas y la hostería y el restaurante perfectamente sanos y salvos, tan coquetos como Jacinto los había visto en sus días vividos allí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;La Villa Ilusa se elevó frente a ellos como si fuera una nave; todos sus habitantes: el doctor, la maestra, sus mujeres y hombres estaban allí, vivos, acompañados por las hadas, los gnomos, los duendes y los patitos exterminadores nadando en un lago que se formó artificialmente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;La Villa Ilusa se elevó viajando ahora quién sabe adónde, y comenzó a ocultarse entre las nubes, a irse lejos hasta perderse de vista.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Para Jacinto, el cantinero Gabriel y los niños-ángeles, esto ya colmaba cualquier expectativa; se miraban entre ellos esperando que alguien tuviera una explicación posible, pero también muy felices por la Villa, que seguramente iría a instalarse en algún otro lugar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Se dieron vuelta para compartir su alegría con Ángela, pero ya no estaba allí. Se había ido. Quizás con la Villa Ilusa o, pensó Jacinto, a realizar otros milagros en cualquier otra parte del mundo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Ya no había otra cosa qué hacer. Se despidieron allí en el cielo y cada uno tomó distintas direcciones, a otras Villas Ilusas o al encuentro de algún niño que proteger y así cumplir con sus misiones.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Entonces Jacinto emprendió el regreso. Voló muy lejos de allí con Merlina. Lo hizo escoltado por hadas que se turnaban para no dejarlos solos. Protegiéndolos. La Villa Ilusa ya era un recuerdo. Su meta era la vieja casona de la abuela María. Lloró todo el trayecto por Ángela, su ángel amado, y por los niños a los que seguramente ya no volvería a ver. Por el mago David, al que le había tomado cariño, y por todos los hombres y mujeres de buena voluntad que habitaban la Villa Ilusa. Y también por todos los seres humanos de este mundo maltratado por nosotros, por nuestra casa, nuestra única casa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Pocos días después, tranquilo, en el enorme living de la casona de María, leía en el periódico sobre las protestas de ambientalistas en ese dique que fue abierto para inundar aquel bosque de pinos, con la intención de crear un nuevo lago más grande, y a su orilla, construir un hotel enorme, cinco estrellas, con playa, embarcadero y todo para turistas muy pudientes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Otra noticia hablaba de un OVNI que algunas personas vieron cerca de la zona del nuevo lago. Jacinto entonces comprendió que los OVNIS, como el que creyó ver un miércoles, encima de su viejo Ford, en verdad no existen. No vienen de Marte ni de ningún planeta lejano; son de aquí, de este mundo. Villas Ilusas que viajan de un lado a otro de esta Tierra nuestra, cuando son amenazadas por los seres oscuros que intentan destruirlas, y así exterminar a los niños que allí aprenden a ser ángeles.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Jacinto dejó el diario sobre una mesita, se recostó en el sofá, cerró los ojos y comenzó a planear una nueva vida para él, Merlina y la abuela María. Tenía que empezar a cumplir con su misión divina en esta Tierra.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-1720461773742529403?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/1720461773742529403/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2010/02/la-villa-ilusa-capitulo-18_11.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/1720461773742529403'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/1720461773742529403'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2010/02/la-villa-ilusa-capitulo-18_11.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 18.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S3TLNLlIMrI/AAAAAAAAAHE/rdtqZoWR6FM/s72-c/Capitulo18Final.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-2509655110742479857</id><published>2010-02-04T19:27:00.001-08:00</published><updated>2010-02-04T19:37:19.964-08:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 17.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S2uQXPpLB_I/AAAAAAAAAG0/5TPM21v-faI/s1600-h/cap%C3%ADtulo+17.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 260px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S2uQXPpLB_I/AAAAAAAAAG0/5TPM21v-faI/s400/cap%C3%ADtulo+17.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5434596104363247602" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;R&lt;i&gt;esumen del capítulo anterior: Al otro día del que Jacinto, sin proponérselo, convirtiera a los exterminadores en patitos con un hermoso plumaje amarillo, el doctor de la Villa Ilusa sacó sangre de las venas de nuestro héroe y la inyectó en las venas de Ángela y David para que recuperaran sus poderes. Todos se sentían felices en la Villa por este triunfo sobre los exterminadores. Jacinto hacía planes para construir un lago para los patitos y Ángela se preocupaba porque no creía que ese ataque hubiera sido el último de estos malvados. Ella esperaba algo peor. Jacinto intentaba convencerla de que ya todo había pasado, que se tranquilizara, mientras se quejaba porque Merlina le movía la silla en la que estaba sentado, pero Merlina se encontraba a unos metros de él. David sintió también que su silla se movía. De pronto toda La Villa Ilusa comenzó a temblar. Salieron corriendo fuera de la hostería y restaurante unos segundos antes de que esta se desplomara por completo. Las casitas de la Villa se desmoronaban como castillos de naipes. Toda la Villa Ilusa temblaba como en un terremoto y, de pronto, silencio... Quietud... Escucharon un sonido burbujeante, se aprestaron a recibir lo que podría ser un nuevo ataque de los exterminadores de ángeles y sorpresivamente aparecieron por los cuatro costados de la Villa, olas impresionantes que los sepultó a todos como un mar embravecido y sin piedad.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;i&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Un mar de agua dulce inmenso hasta donde alcanzara la vista se formó de pronto. El cielo limpio tiñó de azul el agua que poco a poco fue aquietándose.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Luego, nuevamente silencio... Calma... Y una cabeza que salió a la superficie con la boca bien abierta tomando aire, más un cuerpecito que, abrazado a este hombre, respiró abriendo su boca desesperada y tosió escupiendo agua. Jacinto y Merlina.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;i&gt;&lt;div style="text-align: justify; display: inline !important; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Jacinto intentó mover sus alas mojadas y de a poco lo consiguió; de esta manera comenzó a elevarse sosteniendo a la pequeña y asustada Merlina hasta lograr una altura considerable y ver el horrendo panorama. Todo era agua, apenas aparecían las puntas de los pinos más altos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;—¿Qué pasó, dónde están los chicos y Ángela? —preguntó Merlina llorando. Jacinto, angustiado, no respondió. Sabía que quizá no habían podido escapar, sabía que todos los humanos, sus nuevos amigos, seguramente habían muerto ahogados, oprimidos por los poderosos que decidieron exterminarlos, sabía que esto es siempre así. Su esperanza era que Ángela, David y los niños sí hubieran podido escapar como él y Merlina, pero no veía a nadie con vida alrededor. Solo agua, agua y más agua.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;i&gt;&lt;div style="text-align: justify; display: inline !important; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Jacinto dio vueltas volando por el lugar sin alejarse, con la esperanza de ver a Ángela y a los niños también volando. Observó cerca de allí un río muy correntoso que desembocaba en un pequeño lago casi vacío, y este a un dique abierto supuestamente por unos ingenieros para inundar el bosque de pinos donde se encontraba la Villa, esa Villa Ilusa que, por supuesto y seguramente, no tenían idea de que existíera. Posiblemente uno de esos ingenieros fuera un exterminador. Es lo que pensó Jacinto. El terremoto previo a la inundación carecía de toda lógica.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;—¡Aaahhh! —Gritó del susto cuando sintió que le tocaban el hombro. Se dio vuelta en el aire y allí estaba; David que, rodeado de los otros niños-ángeles y del cantinero Gabriel, agitaba sus alas mojadas para mantenerse en el aire. Ángela no estaba con ellos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;David le explicó al angustiado Jacinto que ellos habían logrado escapar pero a Ángela no la habían visto. Todos estaban entristecidos por ella, tenían la esperanza de que lo hubiera logrado. No podían hacer nada por la hermosa mujer-ángel, solo tener fe. Los humanos dificilmente habrían podido escapar de semejante inundación. Ya no había nada que hacer.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;De pronto Merlina se aferró más a su ángel protector muy asustada. Vio algo en el horizonte que se acercaba rápidamente. Todos miraron intrigados y expectantes en dirección hacia donde tenía la vista clavada la niña. Era una nube negra, o algo parecido, que se movía como si, a medida que avanzaba hacia ellos, creciera y creciera cada vez más. Un terrible zumbido provenía de esa nube, penetrante e insoportable para los oídos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Se juntaron todos batiendo sus alas para esperar este nuevo acontecimiento que se avecinaba. Seguramente, un nuevo ataque de los seres oscuros con el fin de exterminar, de una vez y para siempre, a Jacinto y a sus amigos alados que, hasta aquí, habían logrado sobrevivir milagrosamente a cada ataque.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Cientos, miles, millones de avispas ponzoñosas los rodearon y atacaron sin piedad intentando destruir sus alas, clavando sus aguijones en la piel de cada uno de ellos, destrozando la carne, agujereando y ensanchando aún más cada poro, lastimando cada centímetro de sus cuerpos indefensos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;Jacinto, desesperado, trataba de proteger a Merlina, rodeándola con sus brazos y apretándola contra su cuerpo casi inútilmente. Ya no le quedaban fuerzas para soportar tanta agresión, la peor desde que él llegó a la Villa Ilusa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;La suerte parecía haberlos abandonado. Las alas perdían sus plumas hasta el punto de sentir que esta vez habían sido vencidos por estos seres tan llenos de maldad, que en forma de insectos con terribles aguijones, les hacían caer al agua de ese lago enorme que inundó totalmente la Villa Ilusa. Se ahogarían en pocos segundos más.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-2509655110742479857?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/2509655110742479857/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2010/02/la-villa-ilusa-capitulo-17_04.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/2509655110742479857'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/2509655110742479857'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2010/02/la-villa-ilusa-capitulo-17_04.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 17.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S2uQXPpLB_I/AAAAAAAAAG0/5TPM21v-faI/s72-c/cap%C3%ADtulo+17.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-7878651339668944972</id><published>2010-01-28T18:40:00.001-08:00</published><updated>2010-01-28T19:08:31.312-08:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 16.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S2JLHxS1p_I/AAAAAAAAAGU/8-6c7wNiBvc/s1600-h/Capitulo+16.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 294px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S2JLHxS1p_I/AAAAAAAAAGU/8-6c7wNiBvc/s400/Capitulo+16.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5431986697425758194" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;Resumen del capítulo anterior: Ángela y David habían perdido todo su poder al no poder convertir a los sapitos con alitas en lo que eran antes: niños-ángeles y humanos habitantes de la Villa Ilusa. Riendo, el secuestrador-hiena y diez hombres más, entran a la hostería, encañonando con sus armas a nuestros héroes, sometiéndolos. Jacinto, triste y abatido, les preguntó que habían hecho con Santiaguito "el remolón"; en eso entró a la hostería una marmota que directamente fue a dormir debajo de una mesa del restaurante. Los exterminadores, felices por la situación, comenzaron a hacer planes para exterminar a nuestros héroes, que sin su poder no podrían defenderse. El secuestrador-hiena intenta participar de los planes para la exterminación, pero como no habla, no puede; triste se aleja al bosque de pinos para siempre. Ángela, consternada, se queda mirando a unos mosquitos golpearse contra la ventana y de pronto se da cuenta de algo: el poder se lo quitaron los mismos mosquitos cuando a David y a ella les picaron en el bosque de pinos, ¡pero a Jacinto no lo tocaron! La bella mujer-ángel intenta hacérselo entender al hombre, lo mismo que David al darse cuenta de lo mismo, pero Jacinto no comprendía que querían decirle. El hombre sentía tanto odio que, sin saber por qué, recordó algo que de niño también le dio odio: un impermeable amarillo que su mamá le compró para los días de lluvia. Odiaba ese impermeable amarillo. De pronto, Ángela y David comenzaron a saltar de alegría porque todos los exterminadores se convirtieron en patitos de plumaje... amarillo. Jacinto había logrado vencer a los exterminadores sin proponérselo. Luego y después de media hora de intentos hizo que los sapitos volvieran a ser lo que eran: los niños-ángeles y los humanos.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;A la mañana siguiente, el doctor, sacó con una jeringa sangre de las venas de Jacinto e inyectó un poco de ese líquido vital en las venas de Ángela y David. De esta manera recuperaron sus poderes y todo volvió a la normalidad en la Villa Ilusa. Jacinto se convenció de que los exterminadores no podían contra ellos, estaba eufórico y feliz por haberlos vencido en lo que él pensaba había sido el ataque final del que Vida les había advertido. Pero para Ángela y David, este ataque no fue ni por asomo tan devastador y terrible. Lo que Vida les había dicho no podía ser algo como lo que pasó. Esto no amedrentaba a Jacinto, que otra vez hizo gala de su encanto con los niños y de su simpatía de hombre-héroe. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Ahora sí me voy a ir de aquí con Merlina a la casona de la abuela María —decía—, pero antes, tuve una idea brillante que quiero llevar a cabo con la ayuda de los hombres de la Villa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿De qué se trata, Jacinto? —se interesó Ángela.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Voy a construir un lago en el medio de la villa para todos los patitos-exterminadores. Bien grande, con mucha agua para que sean felices y se pongan bien gorditos... ¡Ja!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Conozco una receta de “pato a la naranja” que es para chuparse los dedos —acotó la cocinera.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Síííí! Antes de irme tengo que probar ese plato que seguramente será delicioso. —A Jacinto se le hizo agua la boca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Yo también quiero —dijo Merlina.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Ángela estaba tan pensativa que no escuchaba lo que hablaban todos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Creo que tenemos que prepararnos otra vez... Temo que... —dijo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Temés qué...? No, Ángela, ya está, quedate tranquila, no va a... Por favor, Merlina, no muevas mi silla... Te digo que no va a pasar nada... Tranquila, Merlina, no muevas mi silla. ¿Por qué no vas a jugar con los niños?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Algo le molestó a Jacinto, sintió que la silla en la que estaba sentado se movía un poco, pero Merlina estaba a unos metros de él. Se sorprendió, la silla temblaba un poco... Sola.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Mi silla también tiembla —dijo David, preocupado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;El cantinero Gabriel, detrás de la barra del restaurante, observó la lámpara que colgaba en el medio del salón: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—La lámpara... Está oscilando... Qué raro...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;De pronto todo se oscureció, como si se hiciera de noche, y se escuchó un trueno terrible. La hostería empezó a temblar presagiando un terremoto. Toda la Villa Ilusa era un tembladeral.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;El doctor, la cocinera, la joven maestra y todos los habitantes mayores de la Villa sintieron tal pánico que se abrazaban esperando lo peor. Que se abriera la tierra, o que el techo se les viniera encima. Los niños desplegaron sus alas, lo mismo que Ángela, Jacinto y el cantinero Gabriel. Merlina se aferró a su protector llorando: estaba muy asustada. El cantinero Gabriel les ordenó a todos que salieran a la calle. Gritando abandonaron la hostería y restaurante justo un segundo antes de que se desplomara produciendo un ruido ensordecedor.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Afuera no estaba mejor que adentro, Los pinos se agitaban casi hasta tocar con la punta de su copa la tierra. Las casitas tan coquetas se desmoronaban como castillos de naipes, los patitos-exterminadores corrían de un lado a otro desesperados y asustados. Luego, quietud... Silencio; un silencio que rompía los oídos. Todos sabían que se vendría un nuevo ataque de estos seres oscuros, ahora sí, aunque Jacinto pensara que no, y que iba a ser el peor. Se prepararon para lo más terrible que pudiera suceder. Y de pronto, se escuchó un sonido burbujeante que venía de los cuatro costados. Todos: humanos, niños-ángeles, Jacinto, Ángela, el cantinero Gabriel y Merlina se quedaron quietitos escuchando ese sonido. Se miraban preguntándose que podía ser y se abrazaron temerosos y expectantes. El sonido burbujeante empezó a crecer, era cada vez más fuerte... Era como agua, sí, como agua que se acercaba... Y de pronto olas impresionantes que aparecen de todos lados arrasando los pinos y las ruinas de las casas y la hostería de la Villa. Jacinto soñaba con un estanque con mucha agua para los patitos-exterminadores, ¿pero esto? esto era demasiado. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Las gigantescas olas encerraron a los niños-ángeles, a los humanos, a todos, hasta sepultarlos en un mar embravecido que no tuvo piedad. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-7878651339668944972?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/7878651339668944972/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2010/01/la-villa-ilusa-capitulo-16.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/7878651339668944972'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/7878651339668944972'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2010/01/la-villa-ilusa-capitulo-16.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 16.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S2JLHxS1p_I/AAAAAAAAAGU/8-6c7wNiBvc/s72-c/Capitulo+16.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-508421851751495460</id><published>2010-01-21T18:03:00.000-08:00</published><updated>2010-01-21T18:39:29.493-08:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 15.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S1kILf7Pe0I/AAAAAAAAAGM/F9JsapRr1aU/s1600-h/Cap%C3%ADtulo+15.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 282px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S1kILf7Pe0I/AAAAAAAAAGM/F9JsapRr1aU/s400/Cap%C3%ADtulo+15.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5429379819413404482" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;R&lt;i&gt;esumen del capítulo anterior: Una noche, cenaban todos en el restaurante de la Villa Ilusa, cuando David, el mago, se dio cuenta de que Santiaguito "el remolón" no se encontraba allí. Jacinto, Ángela y David, se internan en el bosque de pinos para buscarlo, porque seguramente, se quedó dormido como siempre lo hacía. La noche era cerrada y muy fría. De pronto aparece una bandada de mosquitos que se ensañan con la piel de Ángela y David, picándolos. A Jacinto no le hacen mella, él asegura que es porque tiene sangre amarga. Cuando llegan al lugar en el que se supone debería estar durmiendo el niño, se encuentran con el secuestrador-hiena (convertido por Jacinto en ese animal), esperándolos, riéndose y sosteniendo en su boca la gorra de Santiaguito. Nuestros héroes se dan cuenta de que les han tendido una trampa y, temiendo que la hiena se haya comido a Santiaguito "el remolón" y también por los niños que quedaron en la Hostería y Restaurante Villa Ilusa, regresan inmediatamente. Cuando llegan, descubren que los humanos, el cantinero Gabriel y todos los niños no están allí, pero sí el lugar está lleno de sapos. Ángela y David advierten que los sapos son los niños-ángeles y los humanos al observar que algunos tienen alitas. Jacinto, furioso y asombrado, les pide que con su poder vuelvan a convertir a los sapos en lo que eran antes. Ángela y David, entonces, lo intentan una y otra vez... Pero no lo logran. Habían perdido todo su poder. ¿Pero cómo?&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Otra vez la risa histérica del secuestrador-hiena los sobresaltó, pero no era una sola risa, sino varias a la vez. Cuatro, seis, diez histéricos se reían al unísono entrando a la hostería armados hasta los dientes con armas de diversos calibres. Jacinto, Ángela y David se vieron rodeados e impotentes ante semejante invasión de exterminadores. Estos hombres y el secuestrador-hiena, que parece que disfrutaba de su condición animal, habían ganado la batalla. Tenían a nuestros héroes vencidos y dominados. No había nada que hacer.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto sintió superada su capacidad de defensa; David, sin sus poderes, sabía que no podría luchar contra ellos. Ángela cayó en ese momento en una profunda tristeza. Vida se los había advertido, pero ellos no podían saber cómo sería ese ataque final, aunque a los tres les resultaba increíble que la Villa Ilusa, con todos ellos dentro, fuera a ser destruida tan fácilmente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Qué hicieron con Santiaguito? —preguntó Jacinto, temeroso por lo que le fueran a responder. Uno de ellos se adelantó a los demás exterminadores: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Bueno, a este chico parece que le gusta mucho dormir, así que seguirá durmiendo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;En eso, una pequeña marmota rechoncha entró rápidamente a la Hostería y Restaurante Villa Ilusa y fue directo a acomodarse debajo de una mesa para dormir plácidamente. Los exterminadores rieron más fuerte mientras Jacinto, Ángela y David se sintieron morir. Uno de los exterminadores, muy contento dijo entonces: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Hibernará por varios meses la pobrecita... Ja, ja, ja... &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;El secuestrador-hiena se reía y se reía y no paraba de reírse. Realmente la situación para él era muy graciosa y estaba a sus anchas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Inmediatamente, los malvados seres oscuros comenzaron a hacer planes para exterminarlos a todos: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; —A los sapos los dejamos así, total de aquí en más se la pasarán comiendo bichos —decía uno—. Yo diría que les demos de comer hasta que exploten —decía otro—. Ja, ja, ja —festejaban todos los seres oscuros. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;El secuestrador-hiena movía su cabeza afirmativamente con una amplia sonrisa ante cada idea de los seres oscuros. Quería dar su parecer también ante esa situación en la que se sentía en la gloria. Los exterminadores reían y seguían dando su sentencia para exterminar a nuestros héroes. El secuestrador-hiena intentaba que prestaran atención a lo que quería decir; lo hacía ya casi con desesperación, pero había un problema... ¡Las hienas no hablan!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Se quedaban mirándolo esperando su plan, pero el pobre no podía decir nada. La situación para él era terrible... Dejó de reír... Comprendió que era un animal sin voz ni voto... Agachó su cabeza, dio media vuelta y se alejó al bosque de pinos caminando lentamente. Cabizbajo, vencido, destruído... Serio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Todos lo vieron alejarse: nuestros héroes, los sapitos, los exterminadores... La marmota Santiaguito no, porque seguía durmiendo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;A más de uno se le escapó una lágrima al verlo así. Jacinto, muy apenado pensó: "&lt;/span&gt;Pobre, debe ser la única hiena triste en todo el mundo".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Ya no lo volvieron a ver.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Los exterminadores se olvidaron pronto del pobre animalito y siguieron con lo suyo. No nos olvidemos que son seres muy malos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—A estos tres fusilémoslos ahora y aquí mismo —decían—. No, mejor afuera y al amanecer, como en las películas...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;David estaba emocionalmente destruido. Miraba el piso y en él a todos los sapos, con alitas o no, mirándolo como suplicándole que los ayudara de alguna manera. No sabía qué hacer sin sus poderes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Ángela, vencida y sin fuerzas para intentar algo, miraba hacia la ventana de la hostería y restaurante, recordando los viejos tiempos y su lucha contra estos seres demoníacos, los momentos pasados con Jacinto para salvar la Villa Ilusa que, ahora, parecía haber llegado a su final indeclinable. Sonrió al ver un par de mosquitos que se golpeaban en el cristal de la ventana, atraídos por la luz interior. &lt;/span&gt;“Pensar que me preocupaba hace un rato porque me picaban... Esto que nos está pasando es lo verdaderamente terrible...”&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; Pensaba la bella y dulce mujer-ángel, ahora con sus alas inutilizadas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Tenemos que despellejarlos —seguían diciendo los hombres ya reunidos pero sin dejar de vigilar a sus prisioneros—. Cortémosle las alas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Ángela, abstraída con su pensamiento, se lamentaba: &lt;/span&gt;“Los mosquitos... pensar que a algunos los maté y... ¡Los mosquitos!... ¡Claro los mosquitos!”&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; Se gritó dentro de su cabeza. Casi sin abrir la boca y entre dientes le dijo a Jacinto: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Los mosquitos... Los mosquitos! ¿Me entiende, Jacinto? Los mosquitos...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto la miró compungido y esbozando una débil sonrisa. &lt;/span&gt;“Pobre&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; —pensó—. &lt;/span&gt;Está enloqueciendo como ese personaje que vi una vez en la película Drácula y que comía moscas.” &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Entonces le dijo susurrando:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Tranquila Ángela, la hora de la cena ya pasó...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Con los ojos del color del mar Caribe abiertos como platos, le gritó entre dientes al confundido hombre-ángel: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Los mosquitos, a usted no lo picaron!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Si ya sé, me lo vas a decir a mí. ¿Qué me venís con eso justo en este momento terrible?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Qué pasa ahí, de qué están hablando...? Callensé o les vuelo la cabeza a los tres... qué tanto... —les gritó uno de los hombres que salió de la reunión pre-exterminación revoleando sobre su cabeza un revólver enorme. Luego volvió a su lugar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Colguémoslos de los pies hasta que toda la sangre se les vaya a la cabeza —proponía uno de ellos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—No, mejor saquémosles las uñas con una pinza de depilar —apuntaba otro.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;David se dio cuenta rápidamente de lo que Ángela le había querido decir a Jacinto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Nos quitaron los poderes a través de los mosquitos, Jacinto, pero usted no los perdió ¿entiende? No lo picaron... Piense por favor...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Ángela miró a Jacinto con una sonrisa cómplice y esperanzadora. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—No, no entiendo nada —dijo el hombre mirando el techo y con ganas de llorar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Quemémoslos en una pira enorme como a Juana de Arco —seguían diciendo los hombres en su reunión—. Pongámosles una pinza en la nariz y una naranja en la boca hasta que se queden sin aire...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Qué tal si los enterramos vivos?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Esa sí que es buena idea!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto escuchaba todo esto y los odiaba cada vez más; cómo podían ser tan malos, se merecían lo peor, pero este hombre tan bueno y tan alejado de pensar en soluciones terribles, solo recordó que, de niño, tuvo una etapa en la que sintió mucho odio, tanto como ahora le estaba pasando: Resulta que su madre le había comprado un impermeable amarillo para los días de lluvia. Los niños se reían de su impermeable amarillo. Odiaba tanto ese impermeable que desde aquella vez el color amarillo pasó a ser detestable para él. &lt;/span&gt;“Amarillo, maldito color el amarillo... Pero ¿por qué ahora tengo que pensar justo en ese color? ¡Qué me pasa, por favor, si nos van a matar de la&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; &lt;/span&gt;peor manera!”&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;, se lamentaba para sus adentros, sin dejar de pensar en ese ¡horrible! impermeable amarillo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Atémosles las manos en la espalda, les prendemos fuego al pelo y que salgan corriendo por el bosque...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Ja, ja, ja, esa sí que es buena...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Tengo otra, tengo otra, cuac... ¡Eh! saquémosles el cuero cabelludo como lo hacían los sioux... ¡Cuac!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Síííí! Cuac, cuac... ¡Pero vivos! &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Cuac... Ja... Cuac, cuac, cuac, ja, ja, cuac, cuac, cuac, cuac...!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Ángela y David empezaron a saltar de alegría:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Jacinto, ¡lo logró, lo logró! ¡Otra vez lo hizo! —gritaba de felicidad la bellísima mujer. Jacinto no salía de su asombro. Todos los exterminadores se convirtieron en patitos con un hermoso plumaje color amarillo... amarillo patito, por supuesto. Se chocaban entre ellos, mordían los cordones de los zapatos de Jacinto, intentaban picotear a los sapitos-ángeles, estaban realmente desesperados.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Ahora, Jacinto, vuelva a convertir en humanos a los sapos. ¡Vamos, usted puede! —le ordenó David.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Cerró los ojos, se concentró con un esfuerzo terrible, Ángela cruzó los dedos y... ¡Todos los sapitos volvieron a la normalidad! Pero con un pequeño problemita: todos con la misma cara del cantinero Gabriel... Fueran hombres o mujeres. ¡Noooooo!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;La cuestión es que después de media hora de intentos, porque a veces eran iguales a la cocinera o al doctor, Jacinto por fin lo logró. Menos mal, porque cuando fueron todos iguales a uno de los gnomos, más de uno pensó en suicidarse. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Los niños-ángeles, el cantinero Gabriel, los humanos, David y Ángela, abrazaban a este hombre que era más héroe que nunca. La maestra le preguntó:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Usted no hizo de galán en la tele alguna vez? Porque de algún lado lo conozco...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;De repente, se escuchó una voz que venía de debajo de la mesa donde dormía Santiaguito, convertido en marmota y ahora otra vez humano: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Tengo hambre, ¿qué hay de comer? —dijo el niño desperezándose y bostezando.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Pero este pibe se la pasa durmiendo y comiendo, se va a poner como un cerdo! —gritó Jacinto en el medio de los abrazos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Nooooo, Jacinto! —gritaron todos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Oink... oink...— refunfuñó Santiaguito.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-508421851751495460?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/508421851751495460/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2010/01/la-villa-ilusa-capitulo-15.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/508421851751495460'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/508421851751495460'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2010/01/la-villa-ilusa-capitulo-15.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 15.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S1kILf7Pe0I/AAAAAAAAAGM/F9JsapRr1aU/s72-c/Cap%C3%ADtulo+15.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-5451512742027976958</id><published>2010-01-14T19:24:00.000-08:00</published><updated>2010-01-14T19:46:54.979-08:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 14.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S0_gYULkR0I/AAAAAAAAAGE/MLt9BHvjHrU/s1600-h/Capitulo14.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 298px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S0_gYULkR0I/AAAAAAAAAGE/MLt9BHvjHrU/s400/Capitulo14.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5426802784343443266" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;R&lt;i&gt;esumen del capítulo anterior: Después de que Jacinto, Ángela y David vencieran a los secuestradores de los niños, allí en la Villa Ilusa, la paz volvió y cada uno retomó su trabajo. Jacinto, descubrió dándose una ducha, sus alas. Supo de esta manera que él también es un ser alado y con poderes: había convertido a uno de los secuestradores en una horrible hiena. También supo que los exterminadores de ángeles se encargan de desproteger a los niños de todo el mundo que llegan con una misión: la de ser felices y disfrutar de algo tan mágico como la niñez. Supo, además, que estos exterminadores comandan las naciones más poderosas y deciden quienes le sirven y quienes no. También descubrió que la Villa Ilusa es una verdadera escuela de ángeles de la guarda, donde todos se divierten aprendiendo. Jacinto vivía muy feliz allí; volando con Ángela, David y los niños. Se encariñó con todos los pequeños: desde el mago David, hasta uno llamado Santiaguito "el remolón"; le decían así porque siempre se quedaba dormido en el bosque y tenían que buscarlo. Un día, llegó Vida, una mujer mayor con poderosas alas. Lo hizo para advertirles a todos que los exterminadores darían un golpe final, terrible... Devastador. Inmediatamente y advertidos se prepararon para defender la Villa, pero nada pasaba. Hasta que una noche, mientras todos cenaban en el restaurante de la Villa Ilusa, David el mago, se dio cuenta de que Santiaguito "el remolón" no se encontraba allí. Temieron por su suerte y Jacinto decidió salir al bosque de pinos a buscarlo.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ángela y David se unieron a Jacinto en la búsqueda de Santiaguito “el remolón”. Antes de salir hacia el bosque, nuestro héroe, ahora muerto de miedo, le pidió al cantinero Gabriel que cuidara a Merlina con su vida si fuera necesario y les recomendó a todos que no salieran de la hostería y restaurante por nada del mundo. La noche estaba bastante fresca; el cielo nuboso, sin luna, lo que hacía que la visibilidad fuera escasa. Por eso, Jacinto iba delante de la bella Ángela y David con un farol que, débilmente, alumbraba un poco el camino que emprendieron para internarse en el bosque. Todos conocían el lugar donde acostumbraba a dormir Santiaguito, y hacia allí se dirigieron. Los grillos cantaban hasta casi romper los tímpanos de los tres; las ranas croaban en un ritmo acompasado con ese canto mágico de la naturaleza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Vos creés, Ángela, que este será el comienzo del ataque del que nos habló Vida? —preguntó el hombre bastante preocupado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Quizá, Jacinto, no lo sé. Roguemos que solo sea lo que pensamos; que Santiaguito se haya dormido como siempre y no pase nada más.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—El tono de tu voz no me da confianza, estás bastante preocupada.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Lo que pasa, Jacinto, es que hay que estar alerta siempre y... ¡Cómo pican estos mosquitos! —Ángela, se golpeaba los brazos y la cara, tratando de matar a varios mosquitos que se ensañaban con su blanca e inmaculada piel.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡A mí me están matando! —se quejó David un poco más atrás.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Jacinto se sorprendió por la cantidad de mosquitos que volaban alrededor de ellos en una noche tan fría.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Hace demasiado frío y además nunca, desde que estoy en la Villa, había visto uno, lo siento por ustedes pero a mí ni me tocan... ¡Miren! Es que tengo la sangre amarga... ¡Ja!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Lo envidio, Jacinto —dijo David— mi sangre debe ser un manjar para estos bichos.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;De pronto, así como llegaron, los mosquitos desaparecieron. Un gran alivio entonces es lo que sintieron Ángela y David, mientras se apuraban para alcanzar a Jacinto, que, por no recibir picaduras de los mosquitos, jamás detuvo su marcha.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Ya no cantaban los grillos ni se escuchaba el croar de las ranas. El silencio comenzó a hacerse insoportable. La luz del farol produjo movimientos fantasmales al iluminar los troncos y las hojas de los pinos. Hay que ser muy valiente para estar en un lugar así. A Jacinto le temblaban las piernas y su cara se puso tan blanca que sobre ella se podría escribir un libro; es lo que pensó Ángela al llegar junto a él y ver que el pobre estaba parado frente al lugar donde se supone debería estar durmiendo Santiaguito “el remolón” y no había nadie allí... Por lo menos, ningún ser humano. El secuestrador-hiena, que había huido al bosque cuando Jacinto lo convirtió en ese animal, los estaba esperando para empezar a reírse a carcajadas. En su boca tenía la gorra de Santiaguito “el remolón”. Luego el horrible animal salió corriendo para perderse entre los pinos. Otra vez el insoportable silencio.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Nos tendieron una trampa —se escuchó decir a un muy angustiado, David.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—No puedo creer que se lo haya comido —dijo Ángela compungida.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A Jacinto le costaba salir de su asombro y pensó inmediatamente en Merlina.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Tenemos que volver rápido a la hostería, tengo un mal presentimiento. —Tomó raudamente en la dirección contraria por la confusión que tenía en ese momento.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Jacinto, es para allá, no se aleje con el farol que aquí no se ve nada —le gritó Ángela antes de que el hombre se alejara.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Volvieron rápidamente sobre sus pasos. Ahora el miedo de los tres era lógico, aunque la más calmada, como siempre, era Ángela, que nunca parecía sentir temor. Jacinto, esta vez, sintió que la bella mujer-ángel estaba más asustada que él. Lo preocupó. &lt;i&gt;“Esto no me gusta nada... Vida&lt;/i&gt;&lt;i&gt; tenía razón... Estamos fritos...”&lt;/i&gt;, pensaba mientras avanzaban en la penumbra de la noche. El canto de los grillos no volvía, pero a medida que se acercaban a la Hostería y Restaurante Villa Ilusa, un ruido uniforme y penetrante se escuchaba cada vez más cerca. Jacinto odió no tener cerca su viejo Ford para subirse, poner primera y salir quemando neumáticos. Aunque, quién sabe si arrancaría.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Croac... croac... croac... —se escuchaba—. ¡Son ranas! —dijo Jacinto aguzando su oído—. ¡Y viene de la hostería! &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—No, Jacinto, son sapos... Qué raro que estén dentro de la hostería... —aseguró y se sorprendió la mujer-ángel. Corrió adelantándose para abrir rápidamente la puerta y ver qué pasaba. Jacinto y David la vieron quedarse parada mirando hacia adentro sin saber qué hacer. Se acercaron a ella y también se quedaron sorprendidos. La boca abierta de Jacinto era una invitación a que le tiren monedas: el que emboca tres, gana un viaje a Cancún, pero esta vez acompañado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Lleno de sapos estaba el lugar... Y nada más... Ningún niño-ángel, ni el cantinero Gabriel, ni los humanos estaban allí. Jacinto, lleno de rabia, dijo que había que sacar inmediatamente a todos esos sapos hacia afuera y buscar a los niños y a las personas. Casi pisa a uno al adelantarse dentro de la hostería y restaurante. Ángela lo detuvo con violencia, lo que sorprendió y asustó a nuestro hombre. Ella le dijo enérgicamente:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Cuidado... Mire donde pisa... ellos son los niños y las personas...!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Los sapos? Pero por favor Ángela, te hizo mal la noche, estás diciendo pavadas...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Jacinto, ya le dije una vez que no me ofenda, ¡sé lo que digo!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Son ellos —dijo David tan seguro como la bella mujer-ángel—. Fíjese, algunos tienen pequeñas alitas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los sapos saltaban alrededor de los tres y algunos trataban de volar con sus alitas, aunque, no podían elevarse más que unos pocos centímetros. A Jacinto se le volvió a caer el alma a los pies como en otro momento de esta historia, pero reaccionó entusiasmado: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Ángela, David, conviértanlos otra vez en humanos, ¿quién mejor que ustedes para hacerlo? ¿O voy a tener que llamar a la abuela María...? ¡Ja! &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La bella mujer-ángel y David, entonces, comenzaron a usar todo su poder para volver a la normalidad a los sapitos. Lo intentaban e intentaban... Y nada. Jacinto se ponía cada vez más impaciente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Y? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Y nada, no pasaba nada. Pronto se dieron cuenta de que habían perdido todo su poder, ¿pero cómo? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;¡Esto sí que no estaba en los planes!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-5451512742027976958?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/5451512742027976958/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2010/01/la-villa-ilusa-capitulo-14.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/5451512742027976958'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/5451512742027976958'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2010/01/la-villa-ilusa-capitulo-14.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 14.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S0_gYULkR0I/AAAAAAAAAGE/MLt9BHvjHrU/s72-c/Capitulo14.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-7410464814026930603</id><published>2010-01-05T17:53:00.000-08:00</published><updated>2010-01-05T18:30:59.464-08:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 13.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://1.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S0PtqiL1dXI/AAAAAAAAAF8/NfRwDLl05bg/s1600-h/13+(2).jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 267px;" src="http://1.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S0PtqiL1dXI/AAAAAAAAAF8/NfRwDLl05bg/s400/13+(2).jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5423439691270944114" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;R&lt;i&gt;esumen del capítulo anterior: Jacinto, entra a la hostería de la Villa Ilusa, con un plan para distraer a los secuestradores de los niños, con el fin de que los pequeños puedan escapar. Les hace un truco que no tiene la menor idea de como realizarlo: les dice que va a convertir un billete de 20 pesos en cuarenta billetes iguales. Los malvados se disponen a ver como lo hace y los niños, alertados por Ángela desde la ventana, intentan escapar de allí. Aparece de pronto la cerdita Julia, que chillando advierte a los secuestradores. Ángela la convierte en un jamón. Varios de los niños logran escapar, pero la mayoría, no. Jacinto, asombrado por los cuarenta billetes en su mano, es encañonado por uno de los hombres dispuesto a matarlo. Nuestro hombre espera el desenlace imaginando que el secuestrador es un animal horrible, e... increíblemente, el hombre se convierte en una hiena. Los secuestradores huyen de la hostería, pero uno de ellos tropieza con el jamón-Julia en la vereda, Jacinto se abalanza sobre él y lo reduce con la ayuda del mago David. Ángela convierte a otro de los secuestradores en una gárgola y el secuestrador-hiena logra escapar al bosque de pinos. Luego, todos felices, escuchan alardear a Jacinto por lo que hizo: convertir el billete de 20 pesos en cuarenta iguales y convertir al tipo en una hiena. Ángela intenta hacerle entender a Jacinto de lo que es capaz, pero él está muy entusiasmado probando un sandwich de jamón que le ofrece la cocinera.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;A la mañana siguiente, y con un sol que rajaba la tierra, todos los niños, Ángela y el cantinero se reunieron en el restaurante para planear los pasos a seguir. La pequeña Merlina solo quería volver con su abuela, y el mago David sabía que tenían que prepararse para un posible nuevo ataque de los exterminadores, porque estos nunca se dan por vencidos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Estoy seguro de que el próximo va a ser peor —decía preocupado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Sí, David, lo sé —dijo Ángela—, y más teniendo en cuenta que la mayoría de ustedes están a punto de ser ángeles, y pronto tendrán que ir a hacer su trabajo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Merlina se irá con Jacinto —dijo el cantinero—. A ella le faltan unos años todavía...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Sí, y él tendrá que asumir su condición de ángel... Ángel de la guarda de la pequeña...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—No te preocupes Ángela —se oyó decir a Jacinto, que bajaba las escaleras viniendo de su cuarto para unirse al grupo—. Lo que pasó ayer me trajo a la memoria cosas que había olvidado, como alguna de antes de nacer, por ejemplo... Ahora sé que quise ser humano... Como también sé por qué estoy aquí; hace un rato, dándome una ducha, descubrí mis alas, porque anoche supe que quería volver a ser lo que fui alguna vez... Un ángel.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;La confesión de Jacinto no sorprendió a nadie. Todos sabían que su presencia en la Villa no era casual, su título de vendedor de seguros de vida era casi una justificación de su misión en la Tierra; absurda quizá pero justificación al fin; él era un ser alado como Ángela, destinado a proteger a niños como Merlina. Jacinto reflexionó mucho esa noche en su cuarto de la hostería. Él, que jamás se interesó por los niños, comprendió que en todo el mundo hay pequeños desprotegidos por distintas razones. Supo que llegan a este mundo para ser protagonistas de un mundo mejor. Pero están los exterminadores de ángeles, los que combaten a los que protegen a todos, a los que pueden lograr ese mundo soñado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;“¿Dónde están esos exterminadores?”, se había preguntado y lo supo: están en todos lados, son mayoría, comandan las divididas naciones de la Tierra, deciden quiénes se enriquecen, quiénes se empobrecen y quiénes mueren porque nos les sirven y es muy difícil luchar contra ellos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Y si no, ¿cómo se justifica que en todo el mundo tantos niños mueran de hambre o sean maltratados, sufran o no puedan disfrutar de algo tan lleno de magia como debe ser la niñez? ¿Acaso no se supone que todos tienen un ángel que los protege?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Sí, lo tienen, pero indudablemente el mal es más poderoso y esto Jacinto lo supo, porque empezó a darse cuenta, a entender o quizás a recordar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;En los días siguientes, los mayores hacían planes para seguir trabajando con los niños. El entusiasmo por la noble misión que tenían, hacía que ya no tuvieran intenciones de escapar. El cantinero, ejerciendo su condición de jefe fue muy claro: esta vez, el que quisiera irse podía hacerlo con la promesa de no revelar al mundo lo que allí pasaba. Todos decidieron quedarse, hasta la maestra que seguía preguntándose de dónde conocía a este Jacinto tan heroico.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;La paz volvió a la Villa Ilusa y cada uno retomó su trabajo. Los niños concurrieron a sus clases con la maestra y se ejercitaron con Ángela, el cantinero y Jacinto para hacer su trabajo de ángeles de la guarda. Jacinto mismo aprendió cosas de la joven Ángela y del cantinero tan alado como él, que se convirtió en su amigo; entonces supo que su nombre era Gabriel, el cantinero Gabriel, así, como un título nobiliario. Descubrió que todos los que alguna vez llegaban a la Villa estaban solos en la vida, ninguna familia lamentaría sus ausencias. Eso lo alegró, para él fue una preocupación menos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Algunos niños aprendieron a volar y otros, como David y Merlina, ya lo hacían. Se divertían con Ángela volando por entre los pinos y rasante por encima de las casitas. Jacinto volvió a sentirse un niño haciendo lo mismo que ellos. Reían y disfrutaban como deberían disfrutar los niños de todo el mundo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Ángela les enseñó a ver a los seres elementales de la naturaleza, a convivir con ellos. Hadas, gnomos y duendes participaban del aprendizaje de los niños alados. Estos seres se comprometieron a enseñarles a todos los niños del mundo a que puedan verlos, como a Jacinto le había pasado alguna vez. Todos aprendieron a tener la intuición que se necesita para descubrir entre la gente a los exterminadores y a combatirlos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Los niños se ejercitaron y superaron su aprendizaje de magia, y no solo para convertir a los exterminadores en sapos o en lo que fuera, sino para que la vida de los que protegieran fuera mágica, como debe ser.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;La Villa Ilusa era una verdadera escuela de ángeles hasta para Jacinto, que por fin le encontró un sentido a su vida, a su soledad que ya había quedado atrás. Los niños- ángeles se metieron de lleno en el corazón del hombre; desde David el mago y Merlina, hasta un niño llamado Santiaguito, "el remolón". Le decían así porque costaba hacerlo levantar en las mañanas para que fuese a clase o a practicar con Ángela. Siempre se perdía pero por suerte finalmente lo encontraban durmiendo en el bosque, con un duende cuidándolo y velando su sueño.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto se había convertido en el tipo más feliz del mundo allí en la Villa. Se olvidó de sus seguros de vida, aunque sabía que en algún momento tendría que volver a trabajar viajando por los caminos del país, y ocupándose, a la vez, de la crianza de Merlina. Eso sí, sus anécdotas spielberianas pasarían a ser un recuerdo lejano. Ahora ya tenía cosas mejores para contar, esperanzas de una vida mejor.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Ya es hora de volver a Buenos Aires con Merlina — les dijo Jacinto a Ángela y David. —Yo me voy a encargar de que llegue a ser un ángel de la guarda, porque aunque nuestra misión sea difícil, no podemos bajar los brazos... O las alas. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Estoy feliz, Jacinto, de que haya pasado estas semanas con nosotros en la Villa, fueron días maravillosos y todos aprendimos muchas cosas de usted, de su bondad por ejemplo —le aseguró la bellísima Ángela, para alegría del hombre-ángel, que seguía más enamorado que nunca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Los niños, ya ángeles, se prepararon para volar de allí a cuidar a niños de otros lugares del mundo, o a otra Villa Ilusa en cualquier parte y enseñarles a niños como ellos todo lo aprendido. Llegarían pronto más niños a esta Villa para aprender y cumplir con sus deseos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;De repente alguien llegó, y no un niño presisamente, sino Vida, una mujer mayor que, a pesar de su edad, sus magníficas alas podían llevarla al lugar del mundo que quisiera. Ángela supo que su presencia sería motivo de preocupación para todos. No había volado hasta la Villa Ilusa en vano, no: cuando llegaba a alguna Villa era para advertir de un peligro que se avecinaba. Esa mujer tenía la suficiente intuición como para saberlo de antemano.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Vida reunió a todos y les dijo que se prepararan para lo peor. Los exterminadores de ángeles darían pronto un ataque terrible, devastador, sin piedad. Sentían que habían perdido una batalla contra Jacinto y Ángela pero no la guerra. Darían el golpe final en el momento menos esperado y de la manera menos esperada. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Vida se fue. Cumplió con su misión de advertir y dejó la Villa Ilusa volando como había llegado. Jacinto, Ángela, el Cantinero Gabriel y David se reunieron para trazar planes de defensa. El problema era cómo trazar un plan contra algo que no se tenía ni la más minima idea de por dónde iba a atacar y de qué manera. Jacinto tuvo una idea para él brillante: huir lo más rápido posible. Ya he dicho en este relato que nuestro héroe no tenía ideas innovadoras ni mucho menos. Todos lo desestimaron. Había que defender la Villa con uñas y dientes; no quedan muchos jarrones sanos por allí.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Yo creo —dijo Jacinto—, por lo que he visto hasta ahora, que esto no va a pasar de un gigante como el que vimos en el bosque. ¿No te parece, Ángela? Y ahí nomás le pegás una buena paliza hasta convertirlo en sapito.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—No sé, Jacinto, imagínese que sean diez los gigantes.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—No me estás ayudando a que tenga un poco de fe, quiero creer que no va a ser para tanto; además, esta señora que vino a advertirnos quizá ya tenga chochera y no pase nada en realidad —trató de convencerse a sí mismo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;— Esta señora, como usted dice, sabe lo que dice, por eso estoy muy preocupada por los niños — lo bajó a la realidad Ángela.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto intentaba imaginarse de qué manera aparecerían los exterminadores. Se le ocurrió que si tantos habían sido convertidos en sapos en todo el mundo, entonces, si millones de esos sapos invadieran la Villa, se los tragarían a todos como a moscas. O, si lo hicieran miles de cerditas como Julia, con sus chillidos romperían los tímpanos de los niños-ángeles, para que después no puedan escuchar lo que los niños de todo el mundo necesitan.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Lo primero que tenemos que hacer es juntarnos todos los habitantes de la Villa aquí y esperar a ver qué pasa —dijo Jacinto, que ya estaba con su mente viajando por los caminos del país, como cuando salía a vender sus seguros de vida. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Tranquilo, Jacinto —le dijo David—, de esta salimos como siempre lo hemos hecho. —Y miró al cielo como suplicando que a sus palabras no se las llevara el viento. Suficiente para que Jacinto se persignara y deseara, por un instante, no haber entrado nunca en esta historia. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Los días siguientes fueron muy tranquilos. El sol, salía a pleno, sin nubes que lo taparan, y las noches estrelladas creaban un microclima tan agradable que era imposible pensar que algo o alguien pudiese romper esa monotonía. La bella Ángela no se dejaba llevar por esa aparente quietud. Vivía en alerta máxima, como también David y el cantinero Gabriel. A Jacinto, esta paz le empezaba a resultar insoportable porque recordaba que cuando llegó con Ángela a la Villa Ilusa, el cielo estrellado y maravilloso tampoco hacía presagiar lo que después ocurrió. Se limitó a no sacarle los ojos de encima a Merlina, no dejando que se alejara de él ni un momento, ni a sol ni a sombra. Sabía que su responsabilidad era protegerla como fuera. Descubrió un jarrón con flores silvestres, las arrojó a un cesto de basura y anduvo con el jarrón en su mano por todos lados, luego se arrepintió de algo tan absurdo, porque pensó que lo que tendría que hacer era intentar convertir en sapo a quien se atreviera a tocar a la niña.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Como no pasaba nada, todos volvieron a sus rutinas. Volaban los niños, Jacinto y Ángela, La maestra daba sus clases. Pero una noche, mientras todos cenaban en el restaurante de la Villa, David notó que el pequeño Santiaguito, "el remolón", no estaba con ellos.  &lt;/span&gt;"Esto si que es grave"&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;, pensó Jacinto preocupado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Ya le habían dicho al niño, enérgicamente, que no se alejara al bosque, por su costumbre de quedarse dormido, y seguramente era lo que había hecho. Todos temieron por él. Merlina comenzó a llorar y Jacinto la tranquilizó prometiéndole que lo traería de vuelta pronto. Salió del restaurante, se detuvo en la vereda, observó la negrura impenetrable de la noche, las siluetas fantasmales de los pinos y, mientras se preguntaba por dónde empezaría a buscarlo, casi se hace en los pantalones.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-7410464814026930603?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/7410464814026930603/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2010/01/la-villa-ilusa-capitulo-13.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/7410464814026930603'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/7410464814026930603'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2010/01/la-villa-ilusa-capitulo-13.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 13.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S0PtqiL1dXI/AAAAAAAAAF8/NfRwDLl05bg/s72-c/13+(2).jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-3784119274502978421</id><published>2009-12-30T19:05:00.000-08:00</published><updated>2009-12-30T19:32:47.052-08:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 12.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SzwVyE0vl1I/AAAAAAAAAFs/zUdP1mB6wS4/s1600-h/Cap%C3%ADtulo+12+(1).jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SzwVyE0vl1I/AAAAAAAAAFs/zUdP1mB6wS4/s400/Cap%C3%ADtulo+12+(1).jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5421232001479841618" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;R&lt;i&gt;esumen del capítulo anterior: Jacinto, desesperado al advertir que Ángela había sido devorada por el gigante David, camino a la Villa Ilusa, espera que ahora aparezca para comérselo a él. De pronto el gigante cae delante del asustado Jacinto como una bolsa de papas, y tras él baja del cielo, Ángela, con dos alas enormes en su espalda, después de haber vencido al monstruo. Luego lo convierte en un sapo, por supuesto. La bella joven le explica a Jacinto que ella es un ser alado que está en este mundo para proteger a los niños y que hay muchos seres como ella, aunque a veces no lo saben. Le dice además que el gigante no era David y que sólo tomó su forma para sorprenderlos. Le ruega al asombrado Jacinto, que pida ayuda para orientarse hasta la Villa; el hombre no sabe cómo, pero se acuerda, tampoco sabe cómo, de el duende que vio de niño, y éste, mágicamente, aparece y con su luz los guía en la oscuridad de la noche. Cuando llegan observan por la ventana de la hostería de la Villa Ilusa, descubriendo que los niños están siendo amenazados por tres hombres; uno de ellos tiene un arma enorme. De repente aparece el mago David, que logró escapar cuando aparecieron estos seres oscuros para matar a los niños y, a Jacinto, por fin se le ocurre un plan para salvarlos.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Buenas noches!— dijo un Jacinto eufórico entrando a la hostería y saludando a todos los que allí se encontraban. Silencio. Hasta los niños lo miraron sorprendidos sin atreverse a delatarlo, aunque Merlina casi lo hace por la alegría que le dio verlo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Los tres tipos que vigilaban a los niños se miraron entre ellos como interrogándose: ¿quién sería este intruso inesperado? El que tenía el arma la escondió rápidamente detrás de su espalda.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Ehhh! ¿Qué pasa que no saludan? deben de ser menonitas y qué caras tienen, deberían salir a ver las estrellas, es una noche magnífica —Jacinto no paraba de hablar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Qué tal una buena cena? Me dijeron que aquí hay una cocinera que hace cada plato que te chupás los dedos. ¿Dónde está?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Está arriba, atada —dijo la inocente Merlina.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Por suerte Jacinto reaccionó a tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Arriba atada, ¡ja, ja, ja! Qué buen chiste, ¿con qué la ataron, con un fideo?, ¡ja, ja, ja! Es buenísimo. —Y siguió desviando la atención de los secuestradores. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Chicos, ¿qué les parece si les hago unos trucos de magia, porque seguro que ustedes no se saben ninguno? ¡Qué van a saber de trucos y magia y esas cosas! ¡Por favor! —Y acercándose a uno de los hombres hizo su viejo truco: le sacó una moneda de la oreja. El tipo lo miró con tal odio que a Jacinto le corrió un frío por todo el cuerpo, pero se repuso y sacando un billete de veinte pesos de su bolsillo les dijo a los hombres—: Ahora voy a convertir este billete en cuarenta billetes iguales.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Esto hizo que los tres secuestradores se olvidaran de los niños y se pusieran a ver cómo Jacinto hacía un truco que por supuesto no tenía ni la más mínima idea de cómo hacer.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Mientras tanto, desde la ventana Ángela les hacia señas a los chicos para que la vieran. Merlina casi dio un grito cuando la descubrió, pero uno de los niños más grandes le tapó la boca. En silencio por la boca tapada y por señas, Merlina les señaló a los chicos la ventana. Todos comenzaron a deslizarse en puntas de pie hacia la puerta para escapar, la abrieron despacito y empezaron a salir de a uno, cuando de pronto escucharon un ¡chillido tremendo! que los paralizó y sacó a los hombres de su atención sobre un Jacinto ya entusiasmado por el truco que estaba tratando de realizar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Gritando como loca, corriendo por la calle, llegaba la cerdita Julia, desesperada para alertar a los hombres que rápidamente reaccionaron apresando a algunos de los chicos, entre ellos a la pequeña Merlina, pero otros ayudados por David y Ángela lograban escapar. En su huida, Ángela alcanzó a hacer un ademán con la mano dirigido a la maldita cerdita mientras, dentro de la hostería, uno de los hombres apuntaba con un enorme revólver a la cabeza de Jacinto, que miraba asombrado los cuarenta billetes de veinte pesos que tenía en las manos. Uno de los hombres le sacó todos los billetes de un manotazo y se los metió en el bolsillo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;La suerte estaba echada, el hombre del revólver, aparentemente jefe de los otros dos, resolvió matar a todos y luego ir a buscar a los otros niños, ¡qué tanto! Aquí no se podía perder más tiempo; así que levantó su arma con furia. Merlina comenzó a llorar, los otros chicos, temblaban de miedo. El hombre encañonó a Jacinto apuntándole al medio de la frente, dispuesto a matarlo primero. Jacinto cerró sus ojos, apretó los dientes, odió a este hombre como nunca lo había hecho con nadie, se lo imaginó el peor animal que pudiera existir sobre la faz de la tierra, escuchó una risa burlona y penetrante y esperó el desenlace.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;La risa seguía... Y seguía... Entonces abrió un ojo despacito y ya no vio un revólver frente a él, sino a una hiena horrible que lo miraba desde el piso sin parar de reírse. El revólver se encontraba a su lado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Todos los niños miraban a Jacinto asombrados mientras los otros dos secuestradores salían corriendo de la hostería. Uno de ellos en su huida se tropezó con un jamón que estaba en la vereda, cayendo a la calle, posibilitando que Jacinto, que salió disparado detrás de él, se arrojara sobre el tipo para entablar una lucha que terminó cuando David le dio un golpe en la cabeza al secuestrador con el jamón.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;El secuestrador-hiena logró huir hacía el bosque de pinos, pero el otro fue atrapado por Ángela, que lo convirtió en una gárgola monstruosa y a la vez hermosa para decorar el techo del frente de la Hostería y Restaurante Villa Ilusa. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Todo era euforia dentro de la hostería; la cocinera, el cantinero, el doctor y todos los habitantes mayores de la Villa, incluida la nueva maestra, fueron liberados de sus ataduras, que no estaban hechas con fideos precisamente. A propósito de la joven maestra, ella no dejaba de mirar a Jacinto preguntándose de dónde lo conocía. La escena de felicidad que se vivía era, mientras tanto, observada con tristeza por un sapo todavía dolorido por el chichón en la cabeza que le produjo el jamonazo asestado por David.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Merlina, feliz, abrazaba y besaba a un Jacinto complacido y arrogante por lo que había hecho. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Bueno... Convertirlo en hiena no fue difícil para mí... Lo realmente increíble fue convertir ese billete de veinte pesos en cuarenta más... A propósito, ¿a dónde fueron a parar esos billetes? Ángela, ¿me prestás veinte pesos? quiero intentarlo de nuevo...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Usted se da cuenta, Jacinto, de que ha superado su capacidad de asombro?, porque ya nada lo sorprende. —Angela, trataba de bajar a tierra a un Jacinto que ya estaba dando muestras de una fanfarronería que solo hacía que los niños se divirtieran con él.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Tenés razón, Ángela, realmente no sé cómo lo hice y más teniendo en cuenta que David y vos me dijeron que estos tipos estaban inmunizados...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Sí Jacinto, pero inmunizados contra David y yo, pero cuando usted lo convirtió en hiena rompió el hechizo y por eso pude convertir a uno de ellos en una hermosa gárgola...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;En eso los interrumpió la cocinera: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Jacinto, ¿usted al sándwich de jamón lo prefiere con manteca o mayonesa?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Con manteca por favor, gracias señora...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Bien, sigamos, Jacinto, el punto no es que usted no sabe cómo lo hizo sino por qué lo hizo, ¿me entiende?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Ehhh!... No, no entiendo, no entiendo a dónde querés llegar Ángela...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Quiero llegar a que se dé cuenta de que usted tiene poderes, Jacinto, casi los mismos que tienen David... La abuela María... Yo misma...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;El hombre se quedó mirando a los ojos a Ángela mientras recibía de parte de la cocinera el apetitoso sándwich; sin dejar de mirar a la bella joven, se lo llevó a la boca, lo mordió, masticó y allí reaccionó entusiasmado: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Es el mejor jamón que probé en mi vida!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-3784119274502978421?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/3784119274502978421/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/12/la-villa-ilusa-capitulo-12.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/3784119274502978421'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/3784119274502978421'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/12/la-villa-ilusa-capitulo-12.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 12.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SzwVyE0vl1I/AAAAAAAAAFs/zUdP1mB6wS4/s72-c/Cap%C3%ADtulo+12+(1).jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-8132969293930135131</id><published>2009-12-23T17:20:00.001-08:00</published><updated>2009-12-23T17:41:56.592-08:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 11.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SzLCSjO5CmI/AAAAAAAAAFk/b6sDnHr_IDw/s1600-h/Cap%C3%ADtulo+11bis.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 296px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SzLCSjO5CmI/AAAAAAAAAFk/b6sDnHr_IDw/s400/Cap%C3%ADtulo+11bis.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5418606925631261282" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;R&lt;i&gt;esumen del capítulo anterior: En viaje a la Villa Ilusa, Jacinto conduciendo su viejo Ford en compañía de la bella Ángela, le pregunta a la joven por qué cree que los secuestradores de la pequeña Merlina la llevaron a la Villa. Ángela le asegura que la van a exponer para que todos los niños se entreguen y así exterminarlos. Luego, mientras ella duerme, Jacinto observa que la noche es hermosa con un cielo lleno de estrellas. Pero ocurre algo: Cuando están llegando al cartel que indica Villa Ilusa 1 Km, rayos como misiles caen cerca del auto y el hombre tiene que hacer varias maniobras para esquivarlos terminando contra un pino destruyendo el vehículo. Ninguno de los dos sale herido. Jacinto no entiende qué pasó porque el cielo sigue estrellado. Ángela le explica que son los exterminadores los que los han atacado para impedir que lleguen a la Villa Ilusa. Ya sin el auto, se internan en el bosque, en la oscuridad de la noche rumbo a la Villa, cuando de pronto, se les aparece el niño mago, David, que comienza a crecer y crecer hasta convertirse en un monstruo que se lanza sobre los dos para devorarlos. Jacinto se tapa los ojos con sus manos por el terror y cuando abre sus dedos para mirar, descubre que Ángela ha desaparecido. Cree que el monstruo se la comió y que ahora vendrá por él.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto gritaba enfurecido. Ángela, su amada –porque ya estaba perdido por ella–, había desaparecido y seguramente estaría alojada en el estómago del David gigante. Gritaba de terror para darse valor ante esa situación espeluznante.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Tropezándose por el miedo, siguió su marcha hacía la Villa, aunque ya sin ninguna orientación: se sentía totalmente perdido. Avanzaba con la angustia de saber que Ángela ya no existía y eso le causaba un gran pesar, porque hasta soñaba con estar con ella por mucho tiempo. Nunca le habían pasado en el corazón las cosas que le provocaba esta hermosa mujer. Sintió que unas lágrimas se deslizaban por su rostro. Juró venganza aunque ni se imaginaba cómo podría hacerlo. Y de pronto… ¡Pummm! El gigante David que cayó como una bolsa de papas delante del asustado Jacinto, produciendo un enorme ruido, hasta el piso tembló con un pequeño terremoto. El hombre se quedó petrificado y con la boca abierta mirando a ese enorme ser en la penumbra, cuando desde el cielo bajó suavemente la bellísima Ángela, con dos alas enormes desplegadas en su espalda.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Tranquilo Jacinto, lo vencí —le dijo Ángela al pobre hombre que por varios minutos seguiría paralizado y sin cerrar su boca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Eee... stá muerto? —preguntó casi balbuceando y con el corazón a mil por hora.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—No, y no lo puedo dejar así...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Y qué vas a hacer, matarlo? —preguntó Jacinto, que no podía concebir la idea de que eso se hiciera delante de él. Lo único que le faltaba en esta historia. Entonces Ángela, con un pequeño ademán de la mano, convirtió al gigante David en un... sapo. Jacinto, ya más calmado, la miró guiñándole un ojo y le dijo—: Creo que deberías buscar alguna que otra nueva idea...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto no dejaba de interrogar a Ángela sobre sus alas y sobre la lucha con el gigante, y quién era ella y por qué David se había transformado en ese monstruo y... ¿Acaso ella no sería la mujer luminosa que formaba parte de sus anécdotas de viaje? No, esto no, si ahora ni siquiera estaba seguro de que realmente le hubiera pasado eso después de todo esto que estaba viviendo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—No era David, solo tomó su forma para sorprendernos, era un ser oscuro de los que quieren exterminar a los ángeles… Ellos no quieren que lleguemos a la Villa Ilusa…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Pero vos, Ángela... Tus alas... Ahora entiendo... Tu nombre, claro... —hablaba repitiendo sus pensamientos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Soy un ser alado, Jacinto, y mi misión es proteger a los niños de esta Villa y de cualquiera, y no soy la única, hay muchos como yo con la misma misión en este mundo, aunque por distintas razones algunos todavía no lo saben...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Pero tus alas, ¿cómo nos las vi? Ni tampoco ahora. ¿Dónde están?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Mis alas aparecen cuando yo quiero, solo tengo que proponérmelo... Están en mi... imaginación digamos...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Y yo que te iba a confesar mi amor por vos, que tonto soy... —se lamentó compungido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—No, Jacinto, usted no es ningún tonto, yo lo necesito porque sola no puedo contra ellos...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto pensó qué podría hacer él ante semejantes poderes de estos seres inhumanos y después de que ella venciera al gigante, pero se sintió feliz de que Ángela le pidiera su ayuda: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Está bien, tenemos que trazar un plan... ¿Qué hacemos?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Lo primero que tenemos que hacer es orientarnos para llegar hasta la Villa...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Creo, Ángela, que estamos fregados, no tengo la menor idea de cómo hacerlo. Podríamos perdernos en esta oscuridad...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Pidamos ayuda, Jacinto... Usted puede hacerlo si quiere...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Yooo? ¿A quién le voy a pedir ayuda en este bosque perdido? ¡No se ve una vaca en un baño!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Piense, Jacinto, no tenemos tiempo que perder —trataba de alentarlo la dulce mujer-ángel que creía mucho en él.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto pensó en su teléfono celular y maldijo al darse cuenta de que lo había dejado en el auto estrellado contra el pino. A este hombre con pocas ideas no se le ocurrían cosas salvadoras en momentos como ese. Después de todo, jamás había estado en un momento así. Pasaban por su mente personas que conocía de sus viajes pero era imposible contactarlos y además, ¿para qué? Si no podrían hacer nada por Ángela y él. Se acordó hasta del duende que vio de niño. ¡El duende! Miren que acordarse de él en este momento. Lo que pasa es que dicen que cuando uno está cerca de irse de este mundo, toda la vida pasa como una película por la mente. Estaba a punto de gritar “¡Me voy a morir!”, cuando Ángela lo volvió a la realidad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Gracias, Jacinto, yo sabía que lo iba a lograr, él nos va a ayudar —le dijo señalando algo detrás del hombre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto se dio vuelta y se quedó duro como una estatua y boquiabierto. Lo único que faltaba era que le saliera un chorro de agua por la boca y convertirse en una fuente para el sapo que hasta unos momentos atrás era un gigante espeluznante. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;El duende, sí el duende de su niñez, y tal como lo recordaba, estaba paradito frente a ellos con su diminuta figura y con toda su luz celestial. La intensa luz que irradiaba iluminaba todo a su alrededor, sacando de esta manera a Jacinto y Ángela de la penumbra en la que se encontraban. Luego de que el hombre saliera de su estupor y dijera mil cosas como por ejemplo: “¡No lo puedo creer!” o “¡Es él otra vez!”, además de “¡Tanto que deseé volver a verlo!”, el duende se elevó unos centímetros del suelo, dio vuelta sobre sus talones y comenzó a deslizarse iluminando el camino para que la bella joven y nuestro asombrado hombre lo siguieran.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;La villa estaba a oscuras; solo se veía luz a través de la ventana de la hostería. Los dos estaban felices de haber llegado gracias al duendecito que los guió hasta allí y luego, como aquella vez cuando Jacinto era niño, se escondió, esta vez detrás del tronco de un pino, y su luz se apagó. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Hasta esa ventana de la hostería se deslizaron sin hacer ruido, para asomarse y comprobar que todos los niños, incluida Merlina, estaban paraditos y todos juntos a lo largo de la barra del restaurante. Muertos de miedo. Frente a ellos, un grupo de tres personas mayores los vigilaban con recelo y energía en sus miradas. Uno de ellos tenía un revólver que, amenazante, pasaba frente a la cara de los niños con una exasperante cobardía; esto enfurecía a Jacinto y a Ángela, que pensaban una y mil maneras de salvar a los indefensos niños.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—David no está —susurró Ángela.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;A Jacinto le brillaron los ojitos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Viste?, yo sabía que el gigante era ese maguito engreído —se regocijó el hombre seguido de un— ¡aaahhh! —cuando sintió una mano que se apoyaba sobre su hombro. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Era David, que tapándole la boca, les hizo señas a los dos para que lo siguieran a esconderse en un lugar más seguro, porque el grito que pegó Jacinto alertó a los que custodiaban a los niños, que rápidamente salieron de la hostería.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Cuando todo pareció calmarse, David les explicó que él había logrado escapar cuando los secuestradores de Merlina la expusieron para que todos los niños se entregaran. Estaban, estos seres oscuros, esperando que se entregara para comenzar la exterminación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Por qué nos los convertís en sapos y terminamos con esta historia de una vez? —dijo Jacinto, ya harto de todo lo sucedido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—No puedo, están inmunizados —le aseguró David.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Esto último sí que Jacinto no lo podía creer.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Pero cómo van a estar inmunizados? —Chasqueó la lengua, molesto por escuchar semejante afirmación de boca del niño mago—. Ángela, decile a este pibe que no diga pavadas. ¿Tomaron un antídoto o algo así?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—No, no tomaron nada pero ahora vinieron tres de los más poderosos, de los que dominan el planeta, de los que se apoderaron de la tierra... Créame, Jacinto —dijo Ángela consternada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Hubo un momento de silencio que ninguno de los tres se atrevió a romper. Fue suficiente para que Jacinto esta vez, ¡sí!, trazara un plan.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-8132969293930135131?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/8132969293930135131/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/12/la-villa-ilusa-capitulo-11.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/8132969293930135131'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/8132969293930135131'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/12/la-villa-ilusa-capitulo-11.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 11.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SzLCSjO5CmI/AAAAAAAAAFk/b6sDnHr_IDw/s72-c/Cap%C3%ADtulo+11bis.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-6019087587277275670</id><published>2009-12-16T19:01:00.001-08:00</published><updated>2009-12-16T19:23:02.828-08:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 10.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SymfkZA98ZI/AAAAAAAAAFc/zbE93CSN7P8/s1600-h/Cap%C3%ADtulo+10.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SymfkZA98ZI/AAAAAAAAAFc/zbE93CSN7P8/s400/Cap%C3%ADtulo+10.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5416035474428785042" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;Resumen del capítulo anterior: Después del secuestro de Merlina y viendo que la abuela María no quiere llamar a la policía, Jacinto decide irse de la casona de San Isidro y terminar de una vez con esta historia. Pero no sin antes probar nuevamente los deliciosos scons que cocina la abuela de Merlina. En eso, llega a la casa una hermosa joven para ayudar a encontrar a la pequeña secuestrada y, Jacinto al verla, decide con mucho entusiasmo, quedarse para ayudar a la bella mujer en la búsqueda de Merlina. Ángela, así se llama la recién llegada, le dice que tienen que ir a la Villa Ilusa inmediatamente. Jacinto se niega rotundamente y, por eso, la abuela María lo amenaza con convertirlo en gallina lo que hace que el hombre otra vez se atragante con un scon. Luego, en viaje a la villa, Ángela le cuenta a Jacinto que existen Villas Ilusas en muchos lugares del mundo para preparar a los niños a ser ángeles de la guarda y que existen también los exterminadores que quieren destruírlas y eliminar a esos niños. Jacinto no cree mucho en lo que ella le dice, pero le cuenta a la joven que él, de niño, vio a un duende de verdad y que sueña con volver a verlo. Ese es motivo suficiente para que crea en ángeles y seres elementales.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;El pobre Jacinto sintió que ya estaba demente, escuchando y contando historias celestiales que le parecían totalmente delirantes y ridículas. Aunque las cosas que vivió desde aquella noche de tormenta en la que llegó a la Villa Ilusa, no parecían más sorprendentes de lo que escuchaba de los hermosos labios de Ángela y de lo que él se había animado a contar. Pensaba y pensaba mientras conducía el auto por la ruta. Por momentos creyó empezar a recordar más cosas de su niñez, pero eran como flashes que rápidamente se borraban y no hacían más que confundirlo. Decidió abocarse de lleno a la misión en la que, sin querer, se encontraba enfrascado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—A propósito Ángela, ¿por qué pensás que llevaron a Merlina a la Villa?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Porque la van a usar como rehén para que todos los niños se entreguen y de esa manera eliminarlos, además es tan pequeña y frágil que David y los demás no se resistirán... Por lo menos, eso es lo que creo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Ay Ángela! Quisiera saber por qué estoy metido en este lío, porque él que va a necesitar un ángel que lo proteja soy yo...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Usted ya tiene un ángel —le dijo ella mirándolo a los ojos con una ternura que lo hipnotizó de tal manera que el viejo Ford salió del camino para enfilar directo a un pino, y fue la joven la que de un manotazo tomó el volante para esquivarlo y volver a poner el auto otra vez en la ruta, mientras el hombre la miraba como un tarado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Se hizo una noche muy cerrada a medida de que se iban acercando al desvío del camino que los llevaría hasta la Villa. Ya habían comenzado a bajar la pendiente hacia el bosque de pinos. Jacinto miraba el cielo esperando que se desatara una tormenta como aquella primera vez en la que vio el cartel que indicaba ese camino, pero, si bien no había luna, el firmamento era un cúmulo de lucecitas brillantes que titilaban. Una verdadera belleza que el hombre estaba acostumbrado a apreciar en sus largas travesías por los caminos del país vendiendo seguros de vida. Respiró aliviado y miró con ternura a la joven sentada a su lado que, como un angelito, dormitaba muy tranquila.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;VILLA ILUSA 1 KM. Allí estaba ese cartel, a cincuenta metros del auto e iluminado por sus faros. Allí estaba el comienzo de quién sabe qué nuevos problemas para el pobre Jacinto, pero ahora envalentonado por la presencia de Ángela a la que ya amaba o por lo menos eso creía sentir.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Ángela, despertate, estamos llegando... —le decía a la joven, cuando un rayo terrible cayó delante del viejo Ford destruyendo el pavimento. Jacinto desesperado lo esquivó saliendo del camino y, cuando intentó volver, otro rayo cayó al costado del auto, y luego otro y otro y Jacinto, que iba en zigzag de un lado al otro de la ruta, ya no pudo resistir esa andanada de rayos que parecían misiles intentando destruir su auto y fue a parar de lleno contra un gran pino, destrozando el frente del vehículo que ya no arrancaría más.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Luego de un momento de silencio que pareció eterno, fue Ángela la que reaccionó:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Jacinto, ¿está bien? Por favor, contésteme...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto la miró y por un momento creyó estar en el cielo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Sos vos, Ángela, o la virgen María? —le dijo como si estuviera despertando de un sueño.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Soy yo y creo que lo único roto aquí es el auto. Menos mal que teníamos puesto el cinturón de seguridad...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto bajó del viejo y ahora pobre Ford, miró al cielo y vio lo mismo que unos instantes atrás: millones de estrellas brillando en una noche maravillosa y, a los costados del camino, los pinos como negras siluetas quietas, sin una pizca de viento que los agitara.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Pero... Pero... No entiendo qué pasó...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—No fue una tormenta, Jacinto, fueron ellos tratando de advertirnos de que no nos acercáramos a la Villa, eso confirma mis sospechas de que a Merlina la llevaron hasta allí...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Dios mío y yo que tenía alguna esperanza de que ahora todo fuera más fácil —se lamentó Jacinto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Los pinos parecían decididos a tragárselos a los dos. La noche era más negra aún, porque ya la espesura no dejaba ver las estrellas; caminaban casi a tientas rumbo a la Villa. El miedo a perderse por momentos paralizaba al hombre que sacaba fuerzas de quién sabe dónde, para que Ángela se sintiera protegida por él.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Si por lo menos tuviera un arma para enfrentar a estos seres oscuros —le decía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Ni lo piense, no les haría mella —le aseguraba Ángela.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Un jarrón, eso, un jarrón es lo que necesito! —gritó Jacinto con mucha rabia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;En la inmensidad de la noche, con el canto de los grillos acompañándolos, cada pisada que daban era un triunfo, un metro ganado en su camino a la villa. Miles de ojos los seguían, ojos de seres que viven en la naturaleza. Lejos del ruido los vigilan, para que no osaran destruir toda esa belleza acumulada en troncos, hojas verdes y amarillentas, nidos de pájaros multicolores e insectos propietarios del lugar con papeles que lo certifican en el cielo; elegidos por los dioses de todo el universo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;De pronto, una pequeña figura se les apareció frente a ellos, lo que hizo que se detuvieran de golpe para ponerse en guardia. Una silueta. Incertidumbre. Los ojos que se acostumbraron a la negrura de la noche divisan mejor lo que tienen enfrente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Es David! —gritó Jacinto—. ¡Maldito brujo, nunca creí que me iba a alegrar tanto de verte!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Sí, David, el pequeño mago que haciendo gala de su poder comenzó a crecer y crecer, sorprendiéndolos, hasta transformarse en un gigante, y su cara fue cambiando desde una expresión pasiva hasta el odio total. Monstruosa, espeluznante. Con un rugido, se lanzó sobre la pareja abriendo su boca para tragárselos a los dos, lo que hizo que Jacinto sólo atinara a taparse la cara con las manos por el terror mientras escuchaba un tremendo alarido. Luego... Silencio. Nada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Despacito fue abriendo sus dedos para espiar por entre ellos, pero lo único que vio fue la negrura de la noche y para su sorpresa ni siquiera Ángela estaba a su lado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Ángela, Ángela! ¿Qué te pasó, dónde estás?, por favor no quiero estar solo... Tengo miedo... —suplicaba mientras buscaba desesperadamente a su alrededor la presencia de la joven.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡David se la devoró, no lo puedo creer! ¿Pero adónde fue este hijo de...? ¿Dónde estás maldito monstruo abominable? ¿Ahora vas a venir por mí?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-6019087587277275670?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/6019087587277275670/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/12/la-villa-ilusa-capitulo-10.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/6019087587277275670'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/6019087587277275670'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/12/la-villa-ilusa-capitulo-10.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 10.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SymfkZA98ZI/AAAAAAAAAFc/zbE93CSN7P8/s72-c/Cap%C3%ADtulo+10.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-6892920708463902650</id><published>2009-12-10T19:01:00.001-08:00</published><updated>2009-12-10T19:18:53.060-08:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 9.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SyG2jBobooI/AAAAAAAAAFU/Q3s1DU18QAA/s1600-h/Cap%C3%ADtulo+09.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 293px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SyG2jBobooI/AAAAAAAAAFU/Q3s1DU18QAA/s400/Cap%C3%ADtulo+09.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5413808939925742210" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;R&lt;i&gt;esumen del capítulo anterior: Después de la cena, en la vieja casona de San Isidro, Merlina se va a su cuarto a dormir y Jacinto se dispone a escuchar a la abuela María sobre la Villa Ilusa. María comienza a contarle que ese lugar en realidad no existe como tal y que nada es lo que parece, lo que llena de incertidumbre a Jacinto. En eso llegan a la casa un hombre y una mujer con la intención de raptar a Merlina y, Jacinto y el mucamo, utilizando como arma dos jarrones, lo evitan. Cuando todo se calma y los dos secuestradores terminan convertidos en sapitos por la abuela María, la anciana le sigue contando a Jacinto una historia sobre el bien y el mal y que todos necesitamos un ángel de la guarda que nos proteja. De repente, escuchan gritar a Merlina y descubren que esta vez sí, fue secuestrada. La abuela María, desesperada, le pide a Jacinto que fuera por ella. El hombre, le dice con sensatez, que habría que llamar a la policía. La abuela y el mucamo se niegan rotundamente. Jacinto se preocupa porque cree que podrían matar a la niña o que el secuestro tiene que ver con la venta de niños. María le asegura que no, eso no, que en verdad se trata de la exterminación de ángeles. Jacinto piensa entonces que la anciana esta loca, igual que el mucamo de la casa. &lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Hasta aquí, todo lo que le pasó a Jacinto Desanzo no deja de ser asombroso por cómo fueron sucediendo los acontecimientos. Niños que supuestamente mataron a sus padres, viviendo en una villa allá lejos y dominando a todos sus pobladores. Poderes para convertir a las personas en lo que ellos quieren: sapos, cerditas y quién sabe en que otra cosa... ¡En un burro también! Una maestra con espíritu de asesina. Una niña que extraña a su familia y la regresan con su abuela porque todavía no esta preparada vaya a saber para qué. Un insistente secuestro del que no hay que avisar a la policía ni tampoco esperar un rescate. Y la chochera de una abuela que habla de ángeles y de su exterminio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;"Mejor mañana me voy a vender mis seguros porque aquí estoy perdiendo plata"&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;, pensó Jacinto antes de cerrar los ojos para intentar dormir después de un largo día.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Se levantó temprano, con la idea de irse lo más lejos posible de esta historia que él no había elegido vivir, pero no sin antes tomar el desayuno con esos riquísimos scones que preparaba deliciosamente la abuela de Merlina, a pesar de que uno de ellos había querido alojarse en su garganta el día de su llegada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Está seguro, Jacinto, de que nos va a abandonar justo en este momento?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Perdóneme doña María, pero todo esto que pasó no tiene que ver conmigo... ¿Sabe qué pasa?... Yo sólo soy un vendedor de seguros y no quiero hacerme cargo de una niña...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Pero tenemos que recuperarla! —suplicó la abuela María.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Está bien, pero yo qué voy a hacer, llamen a la policía por favor y...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;El timbre de la puerta los interrumpió.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡No, otra vez! ¿Y ahora qué? ¡Ya sé, vienen a pedir el rescate!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;El mucamo se dirigió a atender el llamado, lo que provocó en Jacinto un momento de temor por lo que pudiera pasar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;El sirviente volvió y anunció:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Señora, la persona que esperaba acaba de llegar...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Detrás de él, entró al salón comedor una bellísima joven de aspecto aniñado, cabellos rubios ondulados y unos ojos azules como el mar caribe; así por lo menos lo comparó Jacinto en su pensamiento, recordando aquellas vacaciones que una vez pasó en Cancún... Solo. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Jacinto, le presento a Ángela, ella ha venido desde muy lejos para ayudarnos —dijo María.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Buenísimo! —exclamó el hombre entusiasmado y olvidándose de que hasta un minuto antes se quería ir de allí para siempre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Mientras desayunaban Jacinto no le quitaba los ojos de encima a la bella Ángela. Para él era lo más hermoso que había visto en su vida. Ni un scon probó por su embobamiento con la joven.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;‘’Es un ángel&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; —pensaba—. &lt;/span&gt;¡Y se llama Ángela...! Mejor puesto el nombre, imposible."&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Ángela levantó su vista y lo miró profundamente a los ojos; el pobre creyó por un momento que iba a desmayarse.                                                                     &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Durante siglos —comenzó diciendo la joven— los niños como Merlina nos han necesitado. Ese es nuestro trabajo en este mundo, proteger a los niños y a veces, a los que no lo son, por eso es muy importante encontrarla antes de que la exterminen, porque ella está en este mundo para algún día cuidar a niños como ella.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto la miraba embobado, pero pensando a la vez que la joven estaba tan loca como la abuela María y eso era un verdadero desperdicio.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Jacinto, usted y yo tenemos que ir a La Villa Ilusa hoy mismo —le dijo la joven de ojos como el mar, en tono suplicante.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Quéééé? ¡Ni loco voy otra vez a ese lugar! —gritó con rabia y, a la vez, metiéndose en la boca un scon que, de un manotazo, tomó del plato que tenía frente a él.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Esta vez la que gritó fue la abuela María. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡O se va con Ángela a la Villa o lo convierto en gallina!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Un tremendo golpe en la espalda que le propinó el mucamo, fue suficiente para sacarle a Jacinto de la garganta el scon atragantado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;El viejo Ford de Jacinto Desanzo otra vez va camino a la Villa Ilusa, pero ahora el hombre sabe que lo que va a vivir será, seguramente, una nueva pesadilla. Aunque la compañía de la hermosa Ángela le daba una satisfacción absoluta, hasta hacerle pensar que esa Villa se convertiría en un verdadero paraíso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Ángela, si tenemos que buscar a Merlina, ¿por qué vamos a la Villa? Acaso crees que ella puede estar allí...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Estoy segura de que la llevaron hasta allá...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Ajá! Entonces esos chicos asesinos son los verdaderos secuestradores, yo sabía que... —Jacinto sintió que esa rabia por los niños magos de la Villa no era en vano. Para él se habían convertido en seres siniestros.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—No Jacinto... —intentaba explicarle Ángela.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Sííííí! Cuando lleguemos les vamos a hacer tragar el polvo a esos malditos hijos de perra... ¡Uy! Perdón Ángela, a esos pequeños malditos quise decir, nada más...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Yo sé lo que quiso decir Jacinto y está muy equivocado, déjeme explicarle por favor...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Era tan dulce el tono de voz de Ángela, que Jacinto decidió escuchar atentamente a la bella joven de la que ya se había enamorando.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Los niños de la Villa no son los secuestradores, ellos son las víctimas de los que quieren eliminar a los que serán pronto ángeles de la guarda como Merlina, David y cualquiera de los otros niños que usted conoció allá...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Dios mio ¿Cómo llegué a esto?...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—No me interrumpa por favor. Esto no pasa sólo en ese lugar sino también en todo el mundo, porque en todas partes hay Villas Ilusas con niños como ellos, niños que en realidad son ángeles pero que fueron arrebatados a sus familias antes de que pudieran realizarse como tales.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Entonces, los asesinatos de sus padres fueron cometidos por estos... Estos secuestradores como vos decís... —reflexionó Jacinto con cierta desconfianza.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Así es, pero estos..., secuestradores, en realidad son seres oscuros, que lo que pretenden es dejar sin protección divina a todas las personas de este mundo...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Yo me bajo en la próxima Ángela, ¿qué querés que te diga?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Solo créame!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Pero cómo voy a creer semejante cosa! ¡En mi vida escuché tanta estupidez!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Jacinto! No me ofenda por favor...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Perdón..., lo siento, no quise ser... Pero..., a ver Ángela, si son ángeles, ¿por qué son niños de carne y hueso y tienen padres? Explicame eso...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Porque ellos eligieron ser humanos antes de venir a este mundo —dijo la joven con mucha seguridad.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto sintió que estaba escuchando cosas demasiado difíciles de creer. De todos modos, él, a su manera, siempre creyó en los ángeles por el solo hecho de haber visto, de pequeño, un duende. Eso era lo poco que recordaba de su niñez, pero fue suficiente para creer en hadas, gnomos y ángeles y por eso estaba dispuesto a seguir escuchando a la joven.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Mirá Ángela, yo creo en los Ángeles, en serio, pero convengamos que lo que me estás diciendo no es algo coherente, sé que estos chicos hacen cosas que yo no vi hacer antes, pero pueden ser ilusionistas o algo así, que sé yo... Además, si fueron secuestrados cuando mataron a sus padres, ¿por qué están libres en la Villa y son los que dominan el lugar?...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Porque nosotros Jacinto, por suerte, llegamos a tiempo para no permitir que los dominen y eliminen, luego los llevamos a las distintas Villas Ilusas de cualquier parte del mundo. Ellos después de todo son niños y necesitan aprender, alimentarse y estar sanos mientras se preparan para volver a ser ángeles de la guarda, porque es lo que quieren ser ahora. Y eso de que son los dueños de la Villa no es así, si usted no fuera importante para ellos, lo hubieran dejado en paz...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Ah! ¿Y tanto les importo? ¡No me digas Ángela...!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Acaso no se fue con Merlina para cuidarla? Usted no llegó a la Villa Ilusa de casualidad... Todos tenemos una misión en esta vida...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Para Jacinto, pensar que su misión en la tierra era la de cuidar de Merlina, suponía horas de sacar conclusiones inútiles que terminarían, seguramente, en nada, entonces prefirió saber otras cosas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Pero, ¿qué pasa con los que quieren seguir siendo humanos?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Nada, nadie jamás los molesta por el solo hecho de ser mortales, es más, ellos necesitan de un ángel de la guarda para que los proteja como a cualquiera ¿me entiende Jacinto? Ahora, ¿cuénteme del gnomo que vio una vez?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—No, no era un gnomo, era un duende... Pero, ¿cómo sabés eso, Ángela?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿No lo mencionó, acaso?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Yo? ¿Cuándo? ¡Jamás lo hice! Es más nunca lo cuento. ¿Quién me lo va a creer? Claro, para Jacinto es mucho más probable que le crean sobre ovnis y aparecidos, que algo que solo ven los niños.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Yo le creo, por supuesto...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Miró a Ángela con cierta desconfianza porque se le ocurrió que ella trataba de desviar la conversación, pero no estaba mal contar algo que realmente le había sucedido cuando niño. Se acomodó en su asiento sin dejar de mirar el camino que tenía por delante, se aferró al volante y comenzó:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Resulta que cuando yo tenía unos seis o siete años, estaba durmiendo en mi cuarto y un casi imperceptible ruidito me despertó. Abrí los ojos y a un par de metros..., vi a un pequeño ser ¡muy luminoso! que me miraba con una bondad que jamás pude volver a ver en ninguna persona —miró a Ángela como disculpándose—. Bueno, desde que vos me miraste por primera vez...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Gracias Jacinto es usted muy dulce y gentil. —Lo miró con infinita ternura—. ¿Y cómo era ese ser luminoso?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Por un momento, nuestro hombre tuvo que recomponerse del estremecimiento que le producían los ojos de Ángela y siguió con el relato:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Esteee... Era todo blanco, con una túnica blanca hasta el piso y con una larga barba también blanca... ¡Ah! y con un bonete blanco como el de las hadas, como los dibujos de las hadas...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Y usted que hizo. ¿Se asustó?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Mucho! Recuerdo que llamé a mi mamá muerto de miedo. Pero, hoy pienso que fue una lástima, porque el pequeño duende se escondió detrás de una silla y su luz se apagó... Nunca más lo volví a ver...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Lo extraña acaso?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Bueno, no es que lo extrañe pero, qué sé yo, fue tan real que hoy no me asustaría de ver un ser tan bello y con esa mirada tan pura...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—No pierda las esperanzas Jacinto, todos podemos ver aquello que deseamos. Los niños ven cosas que los adultos no pueden justamente por eso, porque son puros de pensamiento como esos seres que están alrededor nuestro, son seres elementales, existen aunque para nosotros pertenezcan a un mundo invisible. Los mayores no los vemos porque desconfiamos hasta de nosotros mismos...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Yo vi un OVNI que...! —Se regocijó Jacinto, que pensó: &lt;/span&gt;"A mi juego me llamaron".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Ángela no lo dejó terminar.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—No lo cuente más Jacinto, y sí cuente lo del duende, le aseguro que le dará una luz de esperanza a todo el mundo...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-6892920708463902650?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/6892920708463902650/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/12/la-villa-ilusa-capitulo-9.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/6892920708463902650'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/6892920708463902650'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/12/la-villa-ilusa-capitulo-9.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 9.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SyG2jBobooI/AAAAAAAAAFU/Q3s1DU18QAA/s72-c/Cap%C3%ADtulo+09.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-4614537945850942919</id><published>2009-12-03T17:56:00.000-08:00</published><updated>2009-12-03T18:24:24.155-08:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 8.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SxhtA_jiD9I/AAAAAAAAAFM/JueVA0Nn-JY/s1600-h/Cap%C3%ADtulo08.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 286px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SxhtA_jiD9I/AAAAAAAAAFM/JueVA0Nn-JY/s400/Cap%C3%ADtulo08.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5411194816113545170" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;Resumen del capítulo anterior: Jacinto se va de la Villa Ilusa con la pequeña Merlina. Después de diez horas de viaje llega con su viejo Ford, a una casona elegante de San Isidro, en Buenos Aires. Allí había sido secuestrada la pequeña, que al llegar, siente una gran alegría al reencontrarse con su abuela, de nombre María. Jacinto, supone que en esa casa sobra el dinero, pero la abuela María le asegura que están en la ruina desde que los padres de la niña fueron asesinados. Además le dice, que Julia, convertida en una cerdita, no le dijo la verdad sobre los niños de la villa y que su misión era eliminarlos. Gracias a Jacinto eso no pasó. También le dice que él llegó a ese lugar para proteger a Merlina y ahora es como si tuviera una hija. Ante esa afirmación, Jacinto se atraganta con un scon. Luego, el hombre, recorre la casa descubriendo cuadros de ángeles y apóstoles y una fuente con estatuas de angelitos lanzando agua por la boca, lo que le hace suponer que es una familia muy católica. Durante la cena, María se prepara para contarle más cosas a un Jacinto que quiere saber que es lo que pasa con los niños de Villa Ilusa. ­&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Merlina terminó su cena, abrazó y besó a su abuela, luego hizo lo mismo con Jacinto, que no pudo disimular su sorpresa y emoción, y se fue a su cuarto a dormir. Para el hombre, acostumbrado a estar solo recorriendo el país vendiendo sus seguros, no fue como le dijo María: eso de que ahora tenía una hija, sino más bien se sintió... Un tío.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;El mucamo sirvió café con unas masitas, Jacinto le puso al suyo dos cucharaditas de azúcar y se acomodó en la silla para escuchar muy atentamente a la abuela María.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—La Villa Ilusa como usted la conoció no existe —empezó diciendo María— y los niños en realidad no lo son.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto miró al techo primero y después a la abuela.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Sí claro! Y yo no soy Jacinto, ¡por favor señora, explíquese mejor! —se molestó.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Bueno, usted tampoco es lo que parece, mi querido señor…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Y qué parezco entonces?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;En eso sonó el timbre de la puerta de entrada interrumpiéndolos y poniendo en alerta a la abuela María.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Quién puede ser a esta hora? Qué raro...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Raro? ¿Usted nunca recibe visitas? —se preocupó Jacinto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;El mucamo cruzó el comedor dirigiéndose a la puerta y generando un momento de incertidumbre en los dos. Silencio. De pronto volvió con una expresión desencajada por el susto. Detrás de él venían un hombre y una mujer. El hombre llevaba en la mano derecha una pistola calibre vaya a saber cuánto y, apuntando a Jacinto y a la abuela María, ordenó a su compañera que fuera por Merlina.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;La abuela se levantó de la silla suplicándole al desconocido que no molestara a la niña, mientras Jacinto, que ya veía superada su capacidad de asombro, pensaba una y mil maneras de zafar de la situación. Se le ocurrió una: abalanzarse sobre el hombre para tratar de quitarle el arma. No es una persona con ideas muy innovadoras que digamos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Cayeron al piso luchando desesperadamente por la posesión del revólver mientras este se disparaba una y otra vez, acertando en una tulipa de luz, un jarrón, el ojo de una de las doncellas de los cuadros, etc. Es increíble la puntería que alguien puede tener en estos casos. Por suerte, un jarrón sano fue a parar a las manos del mucamo que se lo partió en la cabeza al desconocido. Parece que los jarrones en esta historia son muy importantes. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Todos corrieron al cuarto de Merlina, para encontrarse con la mujer desconocida sosteniendo entre sus brazos a la niña que lloraba muy asustada.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Aléjense de mí o se van a arrepentir —gritó la mujer amenazante y apretando el cuello de la pequeña.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Está bien, está bien, tranquila nadie te va a hacer nada —dijo Jacinto—. Negociemos: tu amigo esta desmayado, así que muy lejos no vas a llegar...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Fue peor el remedio que la enfermedad; por suerte nuestro hombre no estudió diplomacia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡La mato! —gritó la mujer, desesperada, tratando de huir entre Jacinto y la abuela de Merlina, pero no contó con la presencia del mucamo, que le asestó un terrible jarronazo en la cabeza, desmayándola.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—No sé dónde voy a poner las flores ahora —se preocupó la abuela María con cierta angustia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Qué tal en un florero? —se preocupó Jacinto con más angustia todavía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Encantado, nuestro héroe contemplaba la fuente con los angelitos lanzando agua por la boca y pensaba: &lt;/span&gt;"Sí… Yo tenía razón… A esta fuente le faltaban unos sapitos".&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Jacinto... Señor Jacinto...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Si, perdón doña María... Estaba distraído pensando... A propósito, ustedes tienen la capacidad de convertir a la gente en sapo así nomás como...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Bueno Jacinto, siempre en sapo no, una vez en el colegio a un profesor de literatura que era una eminencia, se lo juro, recibido con medalla de oro y que me puso un uno en un examen... Lo convertí en un burro…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Admiro a la gente creativa —dijo el hombre.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Jacinto, Merlina no está segura aquí, tiene que llevársela antes de que...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿La secuestren? Señora usted me iba a contar algunas cosas y estos... Ahora sapitos, nos interrumpieron. ¿Cómo es esta historia?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Esta historia empezó hace mucho Jacinto, desde el comienzo de los tiempos. Desde que los hombres y mujeres de esta tierra necesitan que los protejan.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Entonces, la abuela María comenzó a contarle a Jacinto una historia que, en resumidas cuentas, es más o menos así: resulta que desde que el hombre es hombre y la mujer es mujer, por supuesto, han existido el bien y el mal. Todos nacemos buenos y necesitamos de alguien que nos indique el camino del bien que tenemos que seguir, pero están también los que quieren que el mal triunfe, como Julia o estos dos personajes que quisieron raptar a Merlina.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto escuchaba atentamente y pensaba: &lt;/span&gt;‘’Esta vieja está totalmente tocada, estos dos lo único que querían era una buena recompensa’’.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Mientras tanto, María seguía con su relato de esta manera: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Todos, desde que nacemos, tenemos un ser celestial que nos acompaña para protegernos e indicarnos cuál es ese camino del que le hablo, pero somos humanos, entonces los que trabajan para el mal a veces nos hacen vulnerables y... Nos equivocamos, cometemos errores, en definitiva, nos portamos mal. ¿Me entiende Jacinto?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Mire Doña María, no entiendo nada y con todo lo que me está diciendo, ¡me hace sentir como un chico!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Justamente porque uno nunca deja de ser un niño es que un angelito lo acompaña siempre, un ángel de la guarda —le aseguró María.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Sí claro —dijo Jacinto—, lo que pasa es que yo si no lo veo no lo creo...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Jacinto, usted ya lo vio, o mejor dicho, ¡los vio!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡No me diga que es uno de esos que están en la fuente echando agua por la boca...!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;La abuela María no llegó a contestar. La luz de la casa se apagó y Merlina gritó.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Chocándose en la oscuridad corrieron hasta el cuarto de la niña y solo encontraron al mayordomo con una vela encendida en la mano. Merlina había desaparecido. La abuela María gritó horrorizada al ver que la ventana estaba abierta. Seguramente por allí se habían escapado los secuestradores con la niña. &lt;/span&gt;"Estos tipos sí que son insistentes, ¿jamás bajan los brazos?”&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;, pensó Jacinto un poco harto por la situación.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Jacinto, tiene que ir a buscarla, quién sabe lo que harán con ella —suplicaba la anciana.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Pedir un rescate, eso es lo que van a hacer —trató de calmarla Jacinto—. Además, ¿a dónde quiere que vaya? Lo que tenemos que hacer es llamar a la policía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Noooo! —gritaron el mucamo y la abuela al mismo tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto se sorprendió con la actitud de los dos, pero enseguida reaccionó:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Claro! ¡Tienen razón, si avisamos a la policía la pueden matar! Mejor esperamos a que pidan el rescate...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Noooo! —volvieron a gritar el mucamo y la abuela.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Escúchenme, ¿por qué no se ponen de acuerdo de una buena vez? —se enojó con los dos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Ya más calmados y con luz, después de que el mucamo arregló el desperfecto ocasionado por los secuestradores, se encontraban los tres sentados a la mesa del comedor tratando de trazar un plan para seguir con este caso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Bien, si para ustedes no se trata de un secuestro, ¿de que se trata? ¿O me van a decir que es alguien que quiere tener una nena como Merlina? —decía Jacinto—. O... No me digan que se trata de... ¡Venta de niños! ¡Es terrible!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Ni una cosa ni la otra, Jacinto — lo interrumpió enérgicamente la abuela María— se trata de algo peor, se trata de la exterminación de ángeles...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Hubo un largo minuto de silencio en el que Jacinto miraba a María y luego al mucamo y otra vez a María y después al mucamo y los dos lo miraban fijo a él. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;‘’Dios mío, está loca’’&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;, pensaba Jacinto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;‘’Dios mío, que me crea"&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;, pensaba la abuela María.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Tiene que creerle —le suplicó el mucamo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;‘’Este también está loco’’&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;, cerró su pensamiento Jacinto. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-4614537945850942919?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/4614537945850942919/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/12/la-villa-ilusa-capitulo-8.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/4614537945850942919'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/4614537945850942919'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/12/la-villa-ilusa-capitulo-8.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 8.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SxhtA_jiD9I/AAAAAAAAAFM/JueVA0Nn-JY/s72-c/Cap%C3%ADtulo08.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-8365501069060877358</id><published>2009-11-26T04:01:00.000-08:00</published><updated>2009-11-26T04:22:52.660-08:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 7.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/Sw5urdd1wyI/AAAAAAAAAFE/YMBlcbdrPSk/s1600/VillaIlusa7.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 292px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/Sw5urdd1wyI/AAAAAAAAAFE/YMBlcbdrPSk/s400/VillaIlusa7.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5408381895441761058" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;i&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Resumen del capítulo anterior: Julia, la maestra de Villa Ilusa, convence a Jacinto de matar a los niños para poder escapar de ese lugar. Decide asesinar primero al que considera el más peligroso: el niño mago que convirtió a Jacinto en un sapo. Cuando se apresta a hacerlo con un gran cuchillo, mientras el niño duerme, Jacinto se arrepiente y golpea a Julia con un jarrón en la cabeza desmayándola. El niño mago despierta y descubre que el hombre le ha salvado la vida. Todos los niños y el cantinero se reúnen en el restaurante y deciden que Jacinto se vaya de la villa, pero con la más pequeña de las niñas: Merlina. Le ordenan que la regrese a su casa. Dicen que es muy chica todavía; vaya a saber para qué. Cuando Jacinto se está por ir con Merlina, quiere saber que pasó con Julia, entonces un cerdito aparece corriendo y muerde su pantalón. David, así se llama el niño mago, le dice a nuestro hombre que es una cerdita que ellos cuidarán. Cuando nuestro héroe se va al fin con la niña y llega a la ruta, en el medio de una tremenda tormenta, se cruza con un auto que va hacia la villa. La conductora es una maestra y, seguramente reemplazará a Julia en la escuela.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Fue un largo viaje de casi diez horas durante el cual Jacinto no tuvo el valor de abandonar a la pequeña Merlina, aunque no dejaba de pensar en eso: &lt;/span&gt;"No estaría mal dejarla en la puerta de una&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; &lt;/span&gt;iglesia de algún pueblo perdido por ahí"&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; o &lt;/span&gt;"qué tal si aparece el OVNI que alguna vez me persiguió y se la lleva a Marte sin escalas y para siempre".&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; De todos modos, verla dormir en el asiento trasero lo llenaba de ternura. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Ejem —carraspeó. Lo único que le faltaba, enternecerse por ese pequeño pero peligroso ser.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Llegaron hasta una vieja pero elegante casona en San Isidro, de donde supuestamente Merlina había sido secuestrada cinco meses atrás, lo que produjo una gran alegría a la niña, que bajó del auto corriendo y, estirándose todo lo que podía, comenzó a tocar el timbre sin sacar el dedo del botón. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;"Y si acelero y me voy de acá ya… ¿Quién me va a encontrar?"&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;, pensó Jacinto mirando a Merlina, quien con el dedo en el timbre esperaba que le abrieran la puerta. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;No lo pensó más y puso primera. Comenzó a soltar el embrague con su pie izquierdo, apretó el acelerador con su pie derecho muy despacito y en eso… ¡Pum!... Estallaron los dos neumáticos de adelante. Fue como si el auto, todo, se desinflara.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Se abrió la puerta de la casona y apareció la abuela de la niña. En el medio de una gran algarabía, abrazó a Merlina y las dos se quedaron un largo rato así, como fundidas. Jacinto, inclinado hacia adelante por el efecto de las ruedas delanteras sin aire, sólo atinó a maldecir en voz baja.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Pase Jacinto y no se queje, después alguien va a arreglar su auto, no se preocupe...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;El pobre se bajó del auto resignado. Resulta que la abuela ya sabía como se llamaba: ¿no era que en Villa Ilusa no había teléfono ni funcionaban los celulares?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;La casa era de película, o por lo menos así la veía Jacinto. Con varios cuartos, muebles de estilo, de un estilo viejo para él; un mucamo de esmoquin, aunque tenía un poco gastado el cuello de la camisa, y todas esas cosas que, a pesar del cuello gastado, hacían suponer que allí sobraba el dinero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Estamos en la ruina —dijo la abuela de Merlina sirviendo el té con unos scones que entraban por los ojos de Jacinto y llegaban directamente a su estómago.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Didgagme segñogra —preguntó el hombre con la boca llena—. Pergrdón, eh. —Terminó de tragar…—. ¿Cómo es eso de que están en la ruina? Porque no lo parece...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;La distinguida señora, ahora venida a menos pero tan refinada como lo habría sido toda su vida, porque Jacinto pensaba que esas cosas sí que no se pierden nunca, sirvió un poco más de té, comentando: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Desde que los padres de Merlina fueron asesinados...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto levantó la mano interrumpiéndola.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Perdón señora, ¿asesinados? ¿Por quién? Porque hay una teoría que di...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Mire Jacinto, lo que Julia le haya dicho no es la realidad, ella trabaja para los que quieren destruir a todos los chicos y su misión era esa, eliminarlos, pero, así le fue: gracias a usted terminó en un chiquero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Mientras la señora hablaba, Jacinto la miraba con los ojos bien abiertos y cada vez entendía menos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿En un chiquero? —balbuceó—. No, no puede ser, no... no puedo creer que la cerd...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Usted —siguió la abuela— llegó a la Villa Ilusa con una misión: proteger a Merlina. Después de todo su trabajo es vender seguros de vida—. Dijo esto esbozando una sonrisa pícara.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto lanzó una carcajada ante semejante afirmación de la señora.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Qué tiene que ver que yo venda seguros de vida! ¡Por favor señora no me diga eso!... Ya les expliqué a todos allá que…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Le digo las cosas como son, ¿están ricos los scones, no? —dijo, observando que Jacinto no paraba de comerlos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Bárbaros, ¿cómo los hace? Porque yo a veces cocino... Imagínese, estoy siempre solo... — Y se metió el décimo por lo menos en la boca de un saque…&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Y la señora dijo con mucha ternura: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Ya nunca más va a estar solo Jacinto, ahora es como si tuviera una hija...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;La ambulancia sólo tardó diez minutos en llegar, pero por suerte la abuela de la niña ya le había sacado el scon que el pobre tenía atragantado.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Cómo cambió de pronto la vida de Jacinto Desanzo. Aquella tormenta en la ruta, el cartel que indicaba sobre la Villa Ilusa a un 1 kilómetro, los niños magos o brujos, porque a esta altura ya no sabía como calificarlos; después de todo eran capaces de convertir a Julia en una cerdita y a él en un sapo. ¡Julia!, un verdadero enigma desde el momento en que decidió matar a los niños. “¡Matar a los niños! –se decía a si mismo—. ¿Cómo puede tener tanta maldad?, y casi me convence”, se lamentaba.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Y Merlina, la pequeña Merlina, tan dulce y frágil, que ahora resultaba que lo necesitaba a él, justo a él que jamás se interesó por los niños de ninguna manera. Pero esta pequeña, despertaba cierta emoción en este hombre poco interesado en formar alguna vez una familia. Este acontecimiento vivido en la Villa Ilusa, pasaba a engrosar sus anécdotas de viaje y sin duda se convertiría en la más increíble de todas. ¡Si hasta había sido sapo por un instante! Lástima que cuando volvió a ser hombre no lo hizo como un príncipe. ¡Nunca dejaría de ser un simple vendedor de seguros de vida!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto dedicó el día a recorrer la casa. Se sintió a gusto. Nunca había estado en un lugar así, tan grande y cómodo. Se interesó por las pinturas que adornaban las paredes y representaban escenas bíblicas con ángeles, doncellas regordetas y apóstoles. “Debe ser una familia muy católica”, se decía a sí mismo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;En el jardín, que por cierto estaba muy bien cuidado, había una estatua de una mujer casi desnuda llevando un cántaro, otra de una madre con su niño en su regazo y hasta una fuente con angelitos que lanzaban agua por la boca.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Qué feliz sería un sapo en este lugar —ironizó divertido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Perdone señora, pero no me dijo su nombre —se interesó mientras el mucamo, muy respetuoso, les servía la cena.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Oh! Qué horror y descortesía la mía, le ruego me disculpe, me llamo María.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—La abuela María —aclaró Merlina disfrutando de unos deliciosos ñoquis al fileto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Bueno, tampoco me dijo muchas cosas que creo debería saber —siguió Jacinto para luego saborear un borgoña cosecha 1988 que, según María, era de los pocos que quedaban en la bodega que una vez supo ser un orgullo de la familia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Porque no terminamos de cenar y luego cuando mi pequeña se vaya a dormir hablamos de todo —dijo la abuela—. ¿No es cierto mi bebé? —siguió dirigiéndose a la niña.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Es un angelito —agregó Jacinto, más preocupado en saborear el vino que en pensar en lo que decía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Usted lo ha dicho mi querido señor...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Qué? &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Nada Jacinto, que el vino es excelente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-8365501069060877358?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/8365501069060877358/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/11/la-villa-ilusa-capitulo-7.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/8365501069060877358'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/8365501069060877358'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/11/la-villa-ilusa-capitulo-7.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 7.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/Sw5urdd1wyI/AAAAAAAAAFE/YMBlcbdrPSk/s72-c/VillaIlusa7.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-4874844405069324618</id><published>2009-11-18T18:19:00.000-08:00</published><updated>2009-11-18T19:01:14.882-08:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 6.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SwSr0KLM8II/AAAAAAAAAEs/6MO9HRkrxK8/s1600/Cap%C3%ADtulo+6.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 306px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SwSr0KLM8II/AAAAAAAAAEs/6MO9HRkrxK8/s400/Cap%C3%ADtulo+6.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5405634365324324994" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;Resumen del capítulo anterior: Mientras Jacinto desayuna en el restaurante de Villa ilusa, después de su encuentro con Julia, la maestra, descubre que uno de los parroquianos es médico al verlo atender a un niño. Se acerca a él con la excusa de que le duele la cabeza y, mientras el doctor lo atiende, Jacinto lo ataca a preguntas para saber más de ese lugar. Un niño le advierte que no haga tantas preguntas porque si insiste lo convertirá en sapo. Jacinto, indignado y cansado por la situación, se dirije a su auto para irse de allí una vez más. Entonces, el niño lo convierte en un sapo. Se desmaya del terror. Cuando despierta, nuevamente humano por suerte, corre a la escuela desesperado para pedirle a Julia que lo ayude a escapar ¡ya!. La maestra le dice que la única manera de hacerlo es matando a los niños de la villa.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal; "&gt;El niño mago, capaz de convertir a Jacinto en un sapo, dormía, como todos los niños, plácida y profundamente, totalmente desparramado en la cama del pequeño cuarto de una de las casitas de la villa. Una tenue luz de la luna que entraba por la ventana, con la persiana levantada, lo iluminaba. Julia tomó la decisión de eliminarlo primero, porque lo consideraba el más peligroso. Para Jacinto tenía toda la pinta de un angelito, peligroso, sí, pero angelito al fin.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Cómo quedamos, yo empiezo con este y vos seguís con el segundo y así sucesivamente. ¿Ok, Jacinto? —susurró Julia mientras levantaba, con furia en sus ojos, un enorme cuchillo de cocina para clavarlo en el pecho del niño dormido.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Julia se puso firme con sus dos manos levantadas sosteniendo el cuchillo y apuntando al niño. Cerró los ojos y cuando se aprestaba a clavárselo en el corazón, recibió un tremendo golpe en la cabeza que la desmayó instantáneamente. Jacinto, que en su mano sostenía un pedazo de un jarrón que por suerte vio de pronto encima de una mesita, se quedó mirando a Julia tirada en el piso rodeada de los pedazos del resto del jarrón.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;El tremendo ruido del golpe producido por el jarronazo, despertó bruscamente al niño, que asustado gritó dos veces “¡Mami, mami!”, quedándose con sus ojitos bien abiertos, mirando la escena quieta de Jacinto con el resto del jarrón en la mano derecha, parado al lado de la desmayada Julia con el cuchillo de cocina todavía en las manos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Ah! ¡Ahora llamás a tu mamá después de que la mataste, maldito asesino, debería haber dejado que Julia te matara! —le gritó al niño, furioso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;En ese momento entraron a la habitación tres de los niños que dormían en otros cuartos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Qué pasó? ¿Está muerta? ¿Por qué tiene un cuchillo? —preguntaban al unísono, mientras el más chiquito casi llorando, solo repetía que tenía mucho miedo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;El niño mago, después de unos segundos de confusión, reaccionó:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Julia me iba a matar! ¡Lo iba a hacer con ese cuchillo! Pero Jacinto le pegó con el jarrón y me salvó...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Todos se quedaron mirando al hombre que no sabía si lo que había hecho estaba mal o bien porque, ahora sí, creyó que de esa villa no salía más. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Despierten a todos, tenemos una junta —dijo el niño mago, ordenándole a Jacinto que fuese hasta el restaurante y esperara allí. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Solo en el restaurante, nuestro héroe pensaba qué podían estar decidiendo en esa junta. Quizás eliminarlo, o volverlo a convertir en sapo o felicitarlo por haberle salvado la vida al niño mago o nombrarlo el nuevo maestro, pero no, esto último no porque él era solo un vendedor de seguros. Mientras se paseaba por entre las mesas y sillas del local, un poco nervioso por la situación, trataba de imaginarse cómo sería una junta de niños: absurda seguramente.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;De pronto, una docena de niños de la villa entraron al restaurante. Llegaban todos en pijamas; los más chiquitos, abrazados a sus ositos de peluche, pero tan serios como siempre. Jacinto pensó, &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;‘’Dios mío, de lo que son capaces estos pibes y lo tiernitos que parecen, si hasta se asustaron cuando vieron a Julia tirada en el piso’’.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Todos se pararon en silencio frente a él, generando un momento de incertidumbre que inquietó un poco al hombre. De pronto, desde la parte alta del restaurante, bajó las escaleras el cantinero, que con mucha tranquilidad se colocó delante de los niños, enfrentando a Jacinto que ahora esperó que sucediera algo; bueno o malo, pero con esperanzas de que sea bueno, después de todo era un héroe.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Don Jacinto —comenzó diciendo el cantinero—. Ya estoy enterado de lo que acaba de suceder, los chicos están convencidos de que usted le salvó la vida a David.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Ah! El niño mago se llama David... Claro, si es mago como Coperf...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Además —lo interrumpió el cantinero—, ellos piensan que de esta manera les salvó la vida a todos, aunque, mi amigo, yo creo que usted llegó con Julia a la habitación con un plan y luego se arrepintió, ¿o no?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Noooo! —dijo el pobre muy nervioso—. Yo sería incapaz de...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Mire, don Jacinto, es mi opinión contra doce así que yo respeto la decisión de ellos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Claro! —suspiro Jacinto…—. ¿Y cuál es la decisión que tomaron? —preguntó intrigado y con más esperanzas todavía.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Dejarlo ir —remató David.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;A Jacinto se le iluminaron los ojos, casi se le llenaron de lágrimas; pensó: "&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;Por fin me voy a ir de&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt; esta maldita villa".&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; Y también pensó: &lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;‘’Qué tontos que son, cuando llegue a la primera ciudad los voy a denunciar, voy a ir a la televisión, a la radio y todo el mundo se va a enterar de dónde están todos estos chicos desaparecidos que además son unos asesinos y secuestradores’’.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Pero no se va a ir solo —lo volvió a la realidad David.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;A Jacinto se le cayó el alma a los pies.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Cómo que no me voy solo?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Merlina se va con usted —dijo el cantinero.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Me qué…? ¿Qui... quién es Mer... Merlina? —tartamudeó y le tembló la voz.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Soy yo —se escuchó tímidamente. La vocecita, provenía de la rubiecita de tres años, que había visto en la ventana aquella primera mañana en la villa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;El cantinero siguió hablando: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Merlina extraña a su familia, ella es muy chica todavía y fue un error traerla de tan pequeña, ya tendrá tiempo de volver con nosotros para prepararse.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Perdón… —se envalentonó el ocasional héroe de la noche—. Cada vez entiendo menos: ¿prepararse para qué? y además, está bien que extrañe a su familia estando sus padres muert...&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Para ella no... —no lo dejó seguir el cantinero—. Sus padres están viajando por el mundo y su abuela la está esperando en la casa. En esa casa a la que usted la va a llevar y de esa manera se convertirá en guardián de la niña.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Ah claro! ¡Ahora entiendo lo de los seguros de vida!, y… ¿Quéééé? —gritó Jacinto con una sonrisa irónica y de asombro a la vez—. Ni loco. ¿De qué están hablando? Yo no pienso ser guardián de nadie, yo ¡vendo seguros de vida!, pero no le doy seguridad a nadie ¿me entienden?... Y sí, qué me miran… De algo hay que vivir… &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Prepárese para salir y tenga mucho cuidado con lo que dice fuera de la villa, Merlina lo va a vigilar siempre. —Fue David esta vez el que habló con mucha energía en su voz.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span"&gt;“Mejor me callo y en cuanto me vaya me deshago de este monstruito y listo”&lt;/span&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;, pensó para sus adentros nuestro hombre, y decidió no discutir más.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;La pequeña Merlina y Jacinto ya estaban listos para partir. Antes de hacerlo, quiso saber qué había pasado con Julia: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Decime David ¿qué hicieron con Julia? ¿La mataron acaso?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—No se preocupe, ella va a estar bien aquí —le contestó el niño mago.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Salieron a la calle donde seguía estacionado el viejo Ford. Merlina fue rodeada por todos los niños para una despedida bastante emotiva, con la promesa de que pronto todos iban a encontrarse de nuevo. Jacinto abrió la puerta de atrás del auto para que la pequeña subiera y se acomodara para un largo viaje, cuando de pronto apareció corriendo por la calle un pequeño cerdito que fue directamente a morder y tironear la botamanga de su pantalón. El pobre no sabía como desprenderse del porcino. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Pero! ¿Qué le pasa a este chanchito? —protestó. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;David, tomó al cerdito con sus dos manos y comenzó a acariciarlo diciéndole al molesto Jacinto:&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Es una cerdita… Un poco juguetona… Perdónela.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Bueno, está bien, decime, la van a poner bien gordita para hacer un asadito, ¿no? ¡Je! —dijo en broma Jacinto. La cerdita entonces empezó a chillar más fuerte y desesperada, mirándolo con los ojos desorbitados.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Pobre... Parece que no le gustó. —Y lanzando una carcajada subió al auto, lo puso en marcha y esta vez, por supuesto, arrancó.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Con el brazo fuera del auto a modo de saludo, se fue alejando de la villa, feliz por volver a la civilización. No había hecho más de 500 metros por el camino de tierra en busca de la ruta, la que, estaba seguro, esta vez iba a encontrar, cuando se largó de golpe una lluvia torrencial. Temió por un momento perderse, hasta que allí, a unos treinta metros, vio el ansiado asfalto y el cartel que señalaba: VILLA ILUSA 1 KM.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Estaba por llegar al punto de partida de esa pesadilla vivida, cuando un pequeño auto salió de la ruta tomando el camino a la villa. Desde el autito le hicieron luces para que se detuviera; Jacinto lo hizo bajando la ventanilla para ver mejor al conductor. Era conductora. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Dígame señor, ¿en Villa Ilusa hay un lugar donde parar?, porque esta tormenta es terrible y me da un poco de miedo viajar así.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¿Va muy lejos?— le preguntó gritando, Jacinto.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Sí, como a trescientos kilómetros, porque soy maestra de frontera ¿sabe?, y voy a una escuelita de un pueblo medio perdido— Dijo la joven que tendría unos veinticinco años más o menos.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Entonces le aconsejo que siga su camino —le dijo Jacinto, que cada vez tenía que gritar más porque los truenos producían un ruido terrible—. Ni se le ocurra ir hasta la villa, hágame caso.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—¡Muchas gracias señor pero no lo escucho bien, mejor sigo hasta la villa, adiós!&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Y se fue ante el estupor del pobre hombre que, resignado, puso en marcha el auto rumbo a Buenos Aires. Ya en la ruta, miró por el espejo retrovisor a la pequeña para decirle: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—Merlina, tus amiguitos sí que no pierden el tiempo ¿no?&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;—A mí nunca me gustó mucho Julia —dijo la niña.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-4874844405069324618?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/4874844405069324618/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/11/la-villa-ilusa-capitulo-6.html#comment-form' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/4874844405069324618'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/4874844405069324618'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/11/la-villa-ilusa-capitulo-6.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 6.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SwSr0KLM8II/AAAAAAAAAEs/6MO9HRkrxK8/s72-c/Cap%C3%ADtulo+6.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-5478145740460413296</id><published>2009-11-11T17:44:00.000-08:00</published><updated>2009-11-11T18:02:12.885-08:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 5.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SvtpVHq0JvI/AAAAAAAAAEk/Z1DYfVR72Go/s1600-h/Cap%C3%ADtulo+05.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 300px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SvtpVHq0JvI/AAAAAAAAAEk/Z1DYfVR72Go/s400/Cap%C3%ADtulo+05.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5403027989517838066" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;Resumen del capítulo anterior: Jacinto, otra vez en la hostería de Villa Ilusa, se siente secuestrado y decide hablar con una persona mayor y confiable, para que le explique qué pasa en ese extraño lugar. Descubre que la villa tiene una escuela para los niños y logra hablar con Julia, la maestra. Ella le cuenta todo sobre los niños, asegurándole que dominan el lugar, vuelan y hacen magia. Jacinto comienza a creer que a algunos de ellos los conoce. Recuerda de repente que la niñita que vio flotando frente a su ventana, había desaparecido unos meses atrás en Buenos Aires, el día que asesinaron a sus padres. Lo mismo le ocurre con otro de los niños. Julia le propone huir de allí juntos y le pide que regrese la noche siguiente para planear la huída&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Jacinto bajó de su cuarto tarde a desayunar porque durmió un rato después de su encuentro con Julia.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Qué bien cocina señora, ¿aprendió aquí en la villa? —le dijo a la señora que le sirvió el desayuno. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—No, no aprendí acá —dijo la mujer dando media vuelta rumbo a la cocina.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;‘’La trajeron para que cocinara’’&lt;/i&gt;, pensó.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mientras desayunaba, entró al restaurante uno de los niños; tomándose su vientre y con cara de dolor se dirigió a uno de los hombres que también desayunaba. El hombre sacó de un maletín un estetoscopio y comenzó a auscultar al niño, mirándole también la lengua. Luego le dio un frasco con pastillas y le dijo que se fuera a la cama porque tenía anginas. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;‘’Claro, necesitaban un doctor y por supuesto lo trajeron’’&lt;/i&gt;, pensó Jacinto, al ver la escena. &lt;i&gt;‘’Pero a mí, un vendedor de seguros de vida, ¿para qué?’’ &lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Demasiadas preguntas daban vueltas por su cabeza y esperar hasta la noche para que Julia se las contestara era una eternidad. Se dirigió entonces al doctor: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Doctor, me permite, tengo un fuerte dolor de cabeza que me está matando, ¿no tendría una aspirina o algo?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mientras el supuesto doctor buscaba en su maletín, Jacinto disimuladamente comenzó a hacerle una pregunta tras otra. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Cómo llegó hasta aquí, doctor? ¿Intentó irse alguna vez? ¿Hace mucho que vive en la villa?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Tome una de estas aspirinas y si persiste el dolor tome otra a las dos horas —y siguió—: fue un día de lluvia, vi el cartel en la ruta y me dirigí hasta este lugar...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Yo llegué de la misma manera... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Todos lo hicieron de la misma manera, mi amigo —remató el doctor.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mil cosas daban vueltas por la cabeza de Jacinto, que por supuesto quería saber más, cuando la voz de un niño lo interrumpió: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Deje de hacer preguntas si no quiere que lo convierta en un sapo!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Jacinto se dio vuelta para encontrarse con el pequeño mago de la primera noche en la villa que lo miraba fijo y amenazante. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Mirá, pibe, ya me están cansando, o terminamos con esta historia o llamo a la policía, porque yo sé quiénes son ustedes y van a ir a parar a un reformatorio si no se dejan de...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—No se gaste —dijo el doctor— acá no hay teléfono y los celulares nunca tienen señal.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Sabe qué, doctor, ya estoy harto y no me voy a dejar intimidar por estos... nenitos… como todos ustedes lo hacen, agarro mi auto y me voy, y si alguien quiere seguirme que lo haga ¡ahora! —dijo enfurecido dirigiéndose hasta la puerta del restaurante, abriéndola con fuerza para salir afuera. Se paró frente a su auto estacionado junto a la vereda y se sorprendió un poco al verlo inmenso. De pronto una mosca pasó por frente a él: como un latigazo sacó su lengua y se la tragó. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;‘’Soy un sapo, ¡Soy un sapo de verdad!’’&lt;/i&gt;, pensó entonces desesperado mientras veía cómo una suela blanca de zapatilla con un isotipo en forma de pipa, se aproximaba para aplastarlo. No pudo soportar tanto terror, y se desmayó. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Abrió los ojos y vio todo negro; con una tremenda angustia empezó a gritar:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Estoy muerto, estoy muerto! &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mientras, se tocaba la cara, el pecho, todo, descubriendo que estaba vivo y que ya no era un sapo. Se levantó a oscuras llevándose por delante una silla que lo hizo caer al suelo. Tanteando y arrastrándose por el piso llegó hasta la ventana, descorrió las cortinas y gracias a Dios el cuarto se iluminó apenas por la luz de la luna. Suspiró aliviado aunque bastante agitado. Bajó las escaleras, salió a la calle y corrió hasta la escuela para encontrarse con Julia, la maestra.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;A la puerta, una rana estaba paradita flanqueando la entrada, como esperándolo a él. Jacinto experimentó una nueva sensación de angustia al verla y gritó: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Dios mío! Julia, ¿qué te hicieron?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Estaba a punto de ponerse a llorar cuando la puerta se abrió y apareció Julia suplicándole:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Por favor Jacinto no grites... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡Ahhh!, qué alivio, creí que... No sabés de lo que son capaces estos pibes. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Una vez dentro de la escuela, Jacinto, completamente fuera de si, tomó a Julia de los brazos zarandeándola y rogándole: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Por favor escapémonos ahora, no perdamos tiempo, ya no puedo soportar más estar en esta villa maldita. ¡Hoy casi me matan como a un pobre sapo indefenso! &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Tranquilizate, si no, no vamos a poder hacerlo, tranquilizate por favor. —Trataba de calmarlo Julia, que ya tenía experiencia con esos niños. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Si tenés razón, perdoname pero me tenés que entender; a ver, tracemos un plan… ¿Qué hacemos? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Los tenemos que matar—dijo Julia muy suelta de cuerpo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿A quiénes?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¡A los niños, por supuesto!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—¿Quééé? ¿Cómo vamos a hacer semejante cosa? ¡Ni loco! —gritó Jacinto alejándose de Julia como si hubiera recibido una corriente eléctrica.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;—Es la única manera, y si no ¡te vas a quedar acá hasta que te mueras! —le gritó la joven maestra.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-5478145740460413296?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/5478145740460413296/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/11/la-villa-ilusa-capitulo-5.html#comment-form' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/5478145740460413296'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/5478145740460413296'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/11/la-villa-ilusa-capitulo-5.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 5.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SvtpVHq0JvI/AAAAAAAAAEk/Z1DYfVR72Go/s72-c/Cap%C3%ADtulo+05.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-2691895535326003811</id><published>2009-11-05T18:36:00.000-08:00</published><updated>2009-11-05T19:07:52.225-08:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 4.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://2.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SvOMXRgfC_I/AAAAAAAAAEc/xnEuzgb0jlg/s1600-h/capitulo+04.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 291px;" src="http://2.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SvOMXRgfC_I/AAAAAAAAAEc/xnEuzgb0jlg/s400/capitulo+04.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5400814709611891698" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;i&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Resumen del capítulo anterior: Después de pasar la noche en la hostería y restaurante de Villa Ilusa, Jacinto Desanzo se apresta a seguir su viaje. Mientras se prepara, nota que una niña pequeña lo observa desde la ventana del primer piso de su cuarto. Se asusta al verla suspendida en el aire y, comienza a preocuparse y preguntarse por las cosas raras que pasan en ese lugar. Jacinto, luego, se dirige a su auto para irse lo más pronto posible de allí, pero, no logra arrancar el vehículo. Por arte de magia, un niño, le arregla el auto colocando su manito encima del motor. Jacinto se aleja por fin de ese lugar, pero se pierde en el bosque de pinos. Descubre, entonces, que varios niños lo han seguido para obligarlo a volver a Villa Ilusa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Sentado en la cama de su cuarto, Jacinto sentía que era un hombre secuestrado; pensaba en mil maneras de escapar. Intentó usar su teléfono celular, aunque inútilmente: no había señal. Se propuso entonces hablar con alguna persona mayor de la villa que resultara confiable, para que le explicara lo que realmente estaba pasando en ese lugar tan raro. Se daba cuenta de que las dos anécdotas que siempre contaba: la de la mujer luminosa que le hizo señas en la ruta para que se detuviera y, el OVNI que lo persiguió un miércoles, no eran nada comparadas con esto. Eso lo alegró, tener tres para contar aumentaría seguramente su popularidad.   &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Dejó su cuarto, cruzó todo el restaurante ante la indiferencia de los presentes y salió a la calle. El sol brillaba, muy poca gente caminaba por la villa y todos parecían ocupados. No se veía a ningún niño. Jacinto caminó observando todo con detenimiento y preguntándose de qué diablos vivían los pobladores en ese lugar, si no había ninguna tienda o fábrica o lo que pareciera ser una fuente de ingresos. Las pocas casitas eran coquetas, con plantas y flores en sus jardines bien cuidados. Algunas mujeres estaban atareadas regando esas flores; un hombre pintaba la pared de una casita y otro arreglaba una cerca. Hasta que llegó a una de esas casas de la que oyó una voz de mujer dando una clase de matemáticas. Miró por la ventana y vio a todos los niños sentados a sus pupitres escuchando a la que parecía ser la maestra. Ella aparentaba tener unos veinticinco o treinta años aproximadamente, bastante bonita pero un poco demacrada, lo que hacía difícil saber exactamente su edad. La mujer lo descubrió y le suplicó con los ojos que se alejara del lugar. -&lt;/span&gt;‘’Ya está, ella me va a decir qué pasa en este pueblo maldito’’&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;- pensó complacido alejándose de ahí, pero quedándose a una distancia considerable, esperando a que la clase terminara.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Todos los niños salieron tomando en distintas direcciones; una de las niñas de unos tres años pasó por delante de él mirándolo todo el tiempo; era rubiecita, de ojos claros, muy dulce su mirada y a Jacinto le pareció que la conocía. -&lt;/span&gt;‘’La nenita, sí, la nenita de la ventana, es ella’’&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;- pensó mientras la observaba alejarse. -&lt;/span&gt;‘’Pero, ¿de dónde la conozco? Además ahora que lo pienso el pibe que puso la mano encima del carburador se parece a...’’&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;La salida de la maestra interrumpió el pensamiento del hombre, que rápidamente corrió a su encuentro. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;­-Señorita, por favor quisiera hablar con usted un momento...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Señor, es que nos están vigilando-&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; dijo nerviosa, la maestra. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿Vigilando?-&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; se sorprendió Jacinto mirando para todos lados y, descubriendo a varios de los niños que, desde distintos lugares de la villa, parecían estudiar sus movimientos. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;La maestra, alejándose, le dijo: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Esta noche muy tarde lo espero en la escuela, y no se preocupe por ellos, tienen que dormir...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Volvió a la hostería y restaurante satisfecho, porque ahora sí iba a poder hablar con alguien que le quitara todas sus dudas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Una sombra cruzó la calle desierta en esa noche de luna en dirección a la escuela de la villa. Jacinto golpeó la puerta un par de veces con mucho cuidado y ésta se entreabrió apenas. La maestra se asomó. Ahora sí, estaba a solas con una persona mayor para enterarse de quienes eran estos niños misteriosos y del por qué de la sumisión de los pobladores de la villa. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿Qué pasa aquí señorita...?-&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; arrancó sin perder tiempo.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Julia, me llamo Julia, y estoy en la Villa Ilusa desde hace casi dos años...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿Entonces usted no es de aquí? &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Nadie es de aquí-&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; siguió Julia &lt;/span&gt;-ni siquiera los niños, o, digamos que ellos son los que dominan el pueblo...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¡Pero si son chicos! Chicos raros y qué se yo, pero...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Julia lo interrumpió. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Yo quiero irme de acá y sé que usted también, por eso me tiene que ayudar a escapar...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿A escapar? Pero entonces somos prisioneros... ¡De unos niños! No entiendo nada... Hagámoslo ahora que están durmiendo, que vamos a esperar...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto Desanzo no comprendía por qué nadie aprovechaba el momento en que los niños dormían para huir de la villa. Entonces Julia, le explicó, que nadie lo había logrado porque en cuanto se alejaban, se perdían en el bosque de pinos. A algunos, los niños los encontraban vivos después de varios días y los traían de vuelta a la villa, pero otros morían de hambre y sed en el intento. Esto para Jacinto ya era demasiado, le temblaban las piernas.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Pero Julia, ¿de dónde salieron estos chicos? Le juro que a una de las niñas, una rubiecita de unos tres o cuatro años, estoy seguro de que la conozco de algún lado, no sé...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Ella llegó hace unos cinco meses más o menos, es la más nueva...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿Sola? ¿Llegó sola? ¡Pero es muy pequeña!-&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; se sorprendió &lt;/span&gt;-No puede ser que...-&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; De pronto se acordó &lt;/span&gt;-¡Ya sé quién es esa nena! Salió en todos los diarios y en la tele hace como… ¡Cinco meses! ¡Sííí!, me acuerdo, desapareció de su casa la noche que asesinaron a sus padres allá en Buenos Aires, todo fue muy confuso, si hasta se pensó en un secuestro...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Exacto-&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; dijo Julia &lt;/span&gt;-igual que los otros, siempre desaparecieron y sus familias fueron asesinadas...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¡Claro! El chico que me arregló el auto… También su cara apareció en todos lados&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;- casi gritó Jacinto y, siguió susurrando como si fuera a contar un secreto: &lt;/span&gt;Su padre era un mago bastante famoso, que se llamaba... Se llamaba, bueno no me acuerdo pero lo mataron ahorcándolo con uno de esos pañuelos de colores que usan para sus trucos, y a su hijo nunca pudieron encontrarlo...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Y así todos; todos llegaron de la misma manera-&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; le aseguró Julia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Pero ¿usted piensa que mataron a sus padres? Eso es terrible Julia, no puede ser, son niños, imagínese a esa chiquita rubia asesinando, no, no puede ser…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Jacinto caminaba de un lado a otro de la sala de la escuela, pensando y realmente confundido, la situación era bastante siniestra e incomprensible.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Lo que no entiendo es lo de la magia, los poderes que tienen... El chico cuyo padre era mago, debe haber aprendido algunos trucos, pero los demás...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Todos tienen un pasado de magia, por algún familiar o naturalmente... &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¡Sííí!!, ahora me acuerdo que cuando se investigó la desaparición de esa niñita rubia, se encontró un diario que escribía la madre en el que aseguraba que su hija era capaz de volar, claro que se tomó como una metáfora... Que volaba con la mente o algo así...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;A Julia no parecía sorprenderle lo que él decía. &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Ella vuela, se lo aseguro, y no es la única...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Sí, ahora ya me imagino que no es la única, pero decime... Perdón, ¿puedo tutearte, Julia?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Por supuesto que sí, pero... ¿Usted como se... Cómo te llamás?-&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; Una sonrisa seductora acompañó esta pregunta. A él le gustó, después de todo no le vendría mal una nueva novia.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Jacinto, Jacinto Desanzo.-&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt; Le dio la mano ruborizándose un poco y la sintió cálida y confiable. Luego de un largo segundo de silencio siguió interrogándola: &lt;/span&gt;¿Por qué están en esta villa los chicos? ¿Por qué estamos nosotros acá? ¿Sabés, Julia, algo de esto?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: normal;"&gt;Julia se acomodó en la silla frente a su escritorio de la escuela, y comenzó a darle a Jacinto su explicación: &lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Cada uno de los mayores que estamos aquí fuimos traídos por alguna razón. A mí por ejemplo, para darles clases, después de todo ellos tienen que aprender. Y los niños magos no sé porque están en este lugar perdido, pero debe haber una razón...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Pero Julia, a mí, ¿para qué me quieren? Si yo solo soy un vendedor de seguros de vida...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-No se Jacinto, pero ahora será mejor que te vayas porque está amaneciendo, esta noche volvé que tenemos que planear la huída.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/i&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-2691895535326003811?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/2691895535326003811/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/11/la-villa-ilusa-capitulo-4.html#comment-form' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/2691895535326003811'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/2691895535326003811'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/11/la-villa-ilusa-capitulo-4.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 4.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://2.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SvOMXRgfC_I/AAAAAAAAAEc/xnEuzgb0jlg/s72-c/capitulo+04.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-8518508451539042348</id><published>2009-10-29T15:57:00.000-07:00</published><updated>2009-10-29T16:26:44.401-07:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 3.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://3.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SuoehLSei3I/AAAAAAAAAEU/bVktH3pSqaI/s1600-h/Cap%C3%ADtulo+03.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 292px;" src="http://3.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SuoehLSei3I/AAAAAAAAAEU/bVktH3pSqaI/s400/Cap%C3%ADtulo+03.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5398160658671766386" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;Resumen del capítulo anterior: A Jacinto Desanzo, una noche de tormenta, lo sorprende en la ruta viajando en su auto. Por suerte, ve un cartel en la banquina que indica a la derecha: VILLA ILUSA 1 KM. Toma el camino encontrándose con unas casitas y una hostería y restaurante en un bosque de pinos. Pide un cuarto para pasar la noche. Mientras se lo preparan en el primer piso de la hostería, le sirven un plato de comida caliente. Comienza a comer y, nota que un niño de doce o trece años lo observa con interés. Lo llama, el niño se acerca, y entonces Jacinto le hace un truco: alarga su mano hasta la oreja del niño sacándole una moneda. El niño lo sorprende haciéndole lo mismo a Jacinto, pero sacándole de la oreja un ramito de flores.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Jacinto Desanzo ya ronda los treinta y ocho años; soltero y con no mucha suerte para el amor, aunque, una que otra novia supo tener en alguno de los pueblos que visita vendiendo una prometida vida mejor, a aquellos que pierden algún ser querido. Tampoco se puede decir que es un hombre guapo, pero su simpatía y aparente bondad, a veces lo hacen atractivo para alguna dama desprevenida. De niños ni hablar, para él son pequeñas molestias en la vida de los mayores y, teniendo en cuenta que no recuerda casi nada de su niñez, está seguro de que jamás hubiera sido un buen padre, y tampoco casarse está en sus planes.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se levantó a la mañana descubriendo que era un hermoso día de sol, lo que lo alegró, porque seguiría su viaje tranquilamente. Se duchó, se cambió, y mientras guardaba sus cosas en un bolso para luego ir a desayunar y marcharse, otra vez sintió que alguien lo observaba. Era una niña de unos tres o cuatro años que lo miraba desde la ventana. Jacinto la miró con aire distraído, le hizo una mueca simulando una sonrisa y siguió preparando su bolso; cuando de pronto reaccionó y se dijo a si mismo casi gritando: -¡pero si estamos en un primer piso!-  Corrió hacia la ventana y vio a la niña suspendida en el aire. Se restregó los ojos porque no creía lo que veía y cuando volvió a mirar, la niña ya no estaba. Tembló de miedo pensando que la pequeña se había caído, y la vio, allá abajo alejándose caminando por la calle, mientras giraba su cabecita para mirar por sobre el hombro, la cara de asombro de un hombre que ya se preguntaba algunas cosas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mientras le pagaba su noche al cantinero, Jacinto le contó de su experiencia con la niña, pero el hombre de la barra no le prestó mucha atención.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Resignado se dirigió a su auto, se subió y giró la llave para darle arranque; pero no lo logró. Lo intentó una y otra vez y nada: parecía estar ahogado. Maldijo en voz alta y se dio cuenta de que dos nenes y una nena lo miraban. Se puso nervioso.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se bajó del auto, abrió el capot mientras murmuraba: -El carburador debe estar húmedo- y se quedó mirando el motor, del que y a pesar de sus interminables viajes por ruta, no tenía ni la menor idea de cómo funcionaba. Jamás le interesó la mecánica. -¿No habrá un mecánico por acá?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los tres niños ahora estaban a su lado observándolo todo. Ya para Jacinto, esto se estaba poniendo insoportable cuando uno de ellos levantó la mano, la puso encima del carburador por unos segundos, y luego la retiró para volver a mirar fijo al hombre que se quedó un rato sosteniendo la mirada del niño con cierta desconfianza.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-No, no puede ser, esto para mi es demasiado, no puedo creer que...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Subió otra vez al auto, giró la llave con mucha expectativa y este arrancó. Cerró el capot, miró al pequeño que aparentemente le había arreglado el auto mágicamente, intentó decirle algo pero volvió a subir poniendo primera y se alejó por el mismo camino por el que había llegado la noche anterior.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Estos pibes deben estudiar magia o algo así, estoy seguro, ¿pero en este pueblo perdido? Seguro que lo hacen por correspondencia; también con lo que deben aburrirse aquí, si no hay nada, cuatro casas locas... ¿Pero qué estoy diciendo? ¡Arrancó de casualidad!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Jacinto pensaba en voz alta todas estas cosas, como siempre lo hacía relojeando el asiento de al lado, mientras trataba de acercarse a la ruta lo más pronto posible, hasta que se dio cuenta de que ya llevaba como cuatro kilómetros recorridos. Paró el auto. Adelante sólo se veían pinos, pinos y más pinos y se dijo a sí mismo: -Me debo de haber equivocado de camino, es que anoche estaba tan oscuro que... Mejor doy la vuelta y... Dios, ¡no puede ser!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Cuando miró por el espejo retrovisor para dar vuelta el auto y volver, vio a unos diez metros detrás, a varios niños y niñas parados en el camino observándolo. Evidentemente lo habían seguido, ¿pero cómo? Sintió pánico, realmente estaba asustado. Respiró hondo, descendió del auto y, envalentonado, enfrentó a los niños acercándose con cuidado. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿Cómo diablos llegaron hasta acá? Si hice como cuatro kilómetros. ¡Ah! Ya sé, seguro di vuelta en círculos y estamos otra vez en la villa…- Mientras les hablaba, miraba nervioso de un lado a otro buscándola -¿dónde está que no la veo?&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-No- dijo el niño que la noche anterior le había sacado el ramito de flores de la oreja y que parecía ser el mayor de todos, -estamos lejos de la villa y ahora todos vamos a volver...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt; -¿A volver? Yo voy a encontrar la ruta y me voy a largar de aquí pequeños brujos hijos de…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Los niños se hicieron a un costado del camino y Jacinto, apretando los dientes por la rabia que sentía, dio vuelta sobre sus talones para dirigirse al auto, quedándose petrificado por lo que veía. El vehículo ya apuntaba para volver; se había dado vuelta solo. Se pegó un susto terrible. Resignado y temblando, manejó su auto sabiendo con lo que se iba a encontrar: la Villa Ilusa y su hostería y restaurante.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿Quiénes son estos chicos? Tienen poderes, me trajeron de vuelta hasta acá y yo lo único que quiero es irme...&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Su habitación está lista- fue la tajante respuesta del cantinero.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-8518508451539042348?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/8518508451539042348/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/10/la-villa-ilusa-capitulo-3.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/8518508451539042348'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/8518508451539042348'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/10/la-villa-ilusa-capitulo-3.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 3.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SuoehLSei3I/AAAAAAAAAEU/bVktH3pSqaI/s72-c/Cap%C3%ADtulo+03.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-4899202590440029417</id><published>2009-10-22T20:12:00.000-07:00</published><updated>2009-10-22T20:54:32.741-07:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 2.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SuEgFC_4ziI/AAAAAAAAAEM/2Kp8BAnDXKM/s1600-h/VillaIlusa2.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 283px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SuEgFC_4ziI/AAAAAAAAAEM/2Kp8BAnDXKM/s400/VillaIlusa2.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5395629099642834466" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;i&gt;Resumen del capítulo anterior: Jacinto Desanzo, un viajante vendedor de seguros de vida, es sorprendido por una fuerte tormenta viajando con su viejo Ford, de noche, en una ruta rodeada por un bosque de pinos. Comienza a preocuparse por la poca visibilidad y porque todavía faltan muchos kilómetros para llegar a la ciudad más próxima. Jacinto, es un hombre solitario y fabulador. Cuenta, cuando tiene alguna oportunidad, dos anécdotas a quien quiera escucharlo: La de una mujer luminosa que una vez le hizo señas en el camino para que se detenga, y sobre un OVNI que lo persiguió un miércoles para llevarlo a Marte&lt;/i&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;La cuestión es que, esa noche de tormenta a la que me refería al principio de este relato, era cada vez más terrible, y esto empezaba a preocupar a Jacinto.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Si encontrara un lugar para pasar la noche- se decía a sí mismo en voz alta mientras agudizaba su vista para ver mejor el camino, cuando de pronto vio un cartel casi escondido, en la banquina de la ruta, que señalaba a la derecha: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;VILLA ILUSA 1 KM. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Tuvo que dar marcha atrás porque se le apareció tan de repente que logró frenar unos metros más adelante.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-¿Villa Ilusa?, ¿Ilusa? Parece un chiste y seguramente no figura en ningún mapa, pero bueno qué sé yo, está cerca y además tengo hambre…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Salió de la ruta tomando el camino que señalaba el cartel, y que estaba bastante barroso, en dirección a la villa. Le pareció que había recorrido más de un kilómetro, cuando comenzó a ver unas casitas pequeñas casi escondidas entre los pinos y apenas iluminadas.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-"Debe de haber un lugar donde pasar la noche"- pensó, mientras luchaba por mantener su auto, que patinaba en el barro bajo la lluvia lo más derecho posible. Y lo vio, un cartel colgando de dos cadenas y oscilando por el viento indicaba: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;HOSTERÍA Y RESTAURANT VILLA ILUSA &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Era justo lo que necesitaba. Estacionó, bajó del auto, se empapó recorriendo los tres ó cuatro metros hasta la puerta del restaurante, pero no le importó, de pronto la noche no parecía tan mala.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Buenas noches- les dijo Jacinto a los pocos parroquianos que se encontraban en el lugar -Si se pueden llamar buenas, ¡je! ¿Qué nochecita, no?- siguió, haciéndose el simpático. Ninguno de los pobladores dijo una palabra; solo lo miraron inexpresivos como si no les importara su llegada, para luego continuar con lo suyo: comiendo, bebiendo algún vinito algunos y otros jugando al dominó. -‘’Deben ser menonitas’’- murmuró Jacinto en un susurro y para sus adentros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Se acercó a la barra, pidió un cuarto para dormir, y mientras se lo preparaban en la parte alta del restaurante, se sentó a disfrutar de un buen plato de comida caliente que le sirvió una señora regordeta que parecía ser la cocinera. Estaba delicioso y Jacinto realmente se sintió feliz de haber encontrado ese lugar perdido en esa noche de perros.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Mientras comía le pareció que alguien lo observaba. Era un niño de unos doce o trece años que estaba detrás de la barra. Jacinto le sonrió y siguió comiendo aunque sentía que el niño no le sacaba los ojos de encima. Eso lo puso un poco inquieto. Ante la insistente mirada del niño, decidió llamarlo: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-A ver, nene vení... dale vení.- El chico se acercó tan serio como lo miraba. -¿Cómo te llamás?-  El niño no contestó. -¿Qué pasa, te comieron la lengua los ratones?- le preguntó Jacinto en un tono compinche. El pequeño siguió mirándolo sin inmutarse.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Entonces Jacinto, que de su recorrido por infinidad de pueblos y de haber pasado tantas noches en cantinas y restaurantes de lo más variados, algunos trucos se había aprendido, estiró su brazo y acercó su mano hasta la altura de la oreja del niño diciéndole: &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-A ver, a ver que tenés acá, hmm- e hizo que sacaba una moneda de su oreja, y se la dio con una enorme sonrisa mientras le decía: -Me parece que hoy no te lavaste las orejas ¿no? ¡Je!&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;Jacinto, creyó que con su truco, ya que todos los parroquianos lo miraban, se estaba ganando la simpatía de ellos, cuando de pronto, el pequeño hizo lo mismo que él: estiró su brazo hasta la oreja de Jacinto, hizo un chasquido con sus dedos, y volvió con un pequeño ramito de flores en su manita entregándoselo y dejándolo perplejo. &lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;-Tiene un jardín en la oreja- le dijo el niño en ganador, dando media vuelta y volviendo a su lugar en la barra del restaurante. El pobre hombre escuchó, apenas, una risita burlona de alguno de los parroquianos.&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-4899202590440029417?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/4899202590440029417/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/10/la-villa-ilusa-capitulo-2.html#comment-form' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/4899202590440029417'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/4899202590440029417'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/10/la-villa-ilusa-capitulo-2.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 2.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SuEgFC_4ziI/AAAAAAAAAEM/2Kp8BAnDXKM/s72-c/VillaIlusa2.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-1019116411878474395.post-112445954852329587</id><published>2009-10-16T04:53:00.001-07:00</published><updated>2009-10-16T05:12:44.103-07:00</updated><title type='text'>La Villa Ilusa. Capítulo 1.</title><content type='html'>&lt;a onblur="try {parent.deselectBloggerImageGracefully();} catch(e) {}" href="http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SthfenybI_I/AAAAAAAAAEE/vHHd3LA_f9g/s1600-h/VillaIlusa1.jpg"&gt;&lt;img style="display:block; margin:0px auto 10px; text-align:center;cursor:pointer; cursor:hand;width: 400px; height: 279px;" src="http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SthfenybI_I/AAAAAAAAAEE/vHHd3LA_f9g/s400/VillaIlusa1.jpg" border="0" alt="" id="BLOGGER_PHOTO_ID_5393165533457359858" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic; "&gt;Hoy comienza: La Villa Ilusa. Es un cuento largo o novela corta que iré publicando en capítulos semana a semana. Serán 24 en total, de una historia llena de humor, magia, fantasías y sueños de un mundo mejor. Cada capítulo ira acompañado con ilustraciones realizadas por mi amigo Berni Torre, él también creó el logo que encabeza este cuento.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;i&gt;Mi sueño es que sigan esta historia hasta el final. Mi agradecimiento a Berni por acompañarme en esto y a todos ustedes, amigos, por leerme, emocionarse, o no, con un cuento que escribí desde el corazón y con mucha ilusión.&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;span class="Apple-style-span" style="font-style: italic; "&gt;Con ustedes: La Villa Ilusa.&lt;/span&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;i&gt;&lt;br /&gt;&lt;/i&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;El limpiaparabrisas del viejo Ford de Jacinto Desanzo funciona a su máxima velocidad. A pesar de ello, la intensa lluvia no permite tener una buena visión del camino apenas iluminado por los débiles faros del auto. El hombre mira por el espejo retrovisor y sólo ve la oscuridad de la noche. A los costados de la ruta se levantan inmensos pinos que seguramente le dan una belleza singular al lugar, pero que, en esa noche de tormenta, parecen monstruos gigantes dispuestos a arrojarse al auto para devorarlo. Unos kilómetros más atrás, el camino había comenzado a descender en una pendiente que lo llevaría a este frondoso bosque.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;Jacinto Desanzo es un hombre acostumbrado a viajar por todo el país vendiendo seguros de vida, eso es lo que hace para ganarse la vida, y esa noche, la tormenta, lo había tomado desprevenido cuando todavía le quedaban unos 80 kilómetros para llegar a la próxima ciudad.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;Su soledad casi permanente es un motivo lógico para que siempre hable solo, imaginando a un compañero de viaje sentado a su lado; de hecho cada vez que lo hace, mira de costado el asiento de al lado, instintivamente.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;Cuando tiene oportunidad de hacerlo realmente, con algún cliente de sus seguros de vida o con un improvisado y solitario comensal, en alguna cantina o restaurante donde parara para comer, no deja pasar la oportunidad de contar algunas de sus anécdotas de viajes, a las que llama: &lt;i&gt;"Viajes&lt;/i&gt;&lt;i&gt; con misterio y llenos de momentos extraños que asombrarían al mismísimo Spielberg"&lt;/i&gt;. Un título largo pero cautivador para los que tuvieran la suerte, o no, de escucharlo; aunque, algunas de esas personas, seguramente no tengan ni idea de quien es Spielberg. Para Jacinto, con haber visto ET, ya es suficiente para que forme parte de su título enigmático, de hombre viajado, con experiencia, y conocedor de largas rutas que gastan los neumáticos de su auto sin piedad para con su pobre economía.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;Le gusta contar, en esas pocas oportunidades que la vida le brinda, que una noche sin luna, vio al frente en el camino, una luz intensa que le llamó la atención... Fue acercándose con su auto… y, cuando estaba a unos 50 metros, se dio cuenta de que esa luz la irradiaba una mujer vestida de blanco que, con su manos levantadas... le pedía que se detuviera… A Jacinto le encanta hacer pausas en el relato para darle más suspenso a la cosa.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;Resulta entonces que, asustado ante aquella aparición repentina, aceleró el auto pasando por encima de la mujer luminosa sin que ello le infligiera ningún remordimiento, porque se imaginó que era un fantasma, y después de todo los fantasmas se suponen que están muertos, entonces nadie lo iba a culpar de algo malo.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;Cuando al fin se detuvo… 45 kilómetros después... En una gasolinera, la puerta del lado del acompañante se abrió sola como si alguien hubiera descendido y luego inmediatamente se cerró… Sola.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;Jacinto cuenta que se sintió descomponer y corrió al baño. Cuando regresó ya más aliviado por fin, el empleado de la gasolinera después de preguntarle cuánto cargaba de combustible, le entregó un pañuelito con figuras de angelitos bordadas en él, diciéndole:&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;-La joven de blanco que usted trajo hasta aquí le dejó esto en agradecimiento y se…&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;No terminó la frase porque el pobre Jacinto cayó de espaldas totalmente desmayado.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;Otra cosa que cuenta, y aquí paramos con esto porque sus anécdotas spielberianas no superan estas dos, es que en una oportunidad lo persiguió un OVNI durante 200 kilómetros, claro que el velocímetro de su viejo Ford sólo marcaba 2 kilómetros recorridos y su reloj 5 minutos de tiempo transcurrido. Nunca supo que pasó, pero él asegura que estuvo en Marte... Aunque sucedió un miércoles. Esto último forma parte del humor de este hombre solitario y buenazo, para aquellos que lo conocen.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify; "&gt;O Jacinto es un hombre con una gran imaginación hasta convertirse en un espléndido fabulador, o realmente le pasaron estas cosas, lo cual es una suerte, aunque depende del temple de cada uno ¡pero que tiene para contar! no cabe ninguna duda: poco, pero bueno.&lt;/div&gt;&lt;div style="text-align: justify;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/1019116411878474395-112445954852329587?l=lavillailusa.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://lavillailusa.blogspot.com/feeds/112445954852329587/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/10/la-villa-ilusa-capitulo-1.html#comment-form' title='9 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/112445954852329587'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/1019116411878474395/posts/default/112445954852329587'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://lavillailusa.blogspot.com/2009/10/la-villa-ilusa-capitulo-1.html' title='La Villa Ilusa. Capítulo 1.'/><author><name>Ricardo Capara</name><uri>http://www.blogger.com/profile/17066084110660560412</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='23' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/S321v6WdR-I/AAAAAAAAAHM/DEhxI78vh0k/S220/dick+e.jpg'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://4.bp.blogspot.com/_RhBhlWOP8R4/SthfenybI_I/AAAAAAAAAEE/vHHd3LA_f9g/s72-c/VillaIlusa1.jpg' height='72' width='72'/><thr:total>9</thr:total></entry></feed>
